¿Debería hacerlo?

Mad Men
Mad Men
Algún compañero de trabajo (;-) llega ojeroso al tajo, con las pestañas pegadas, sin dormir, con la cabeza llena de tramas. Mi mujer también está enganchada y saca tiempo de donde sea para ponerse al día con capítulos atrasados. Y yo, reconociendo mi ignorancia y temiendo lo que pueda pasar (porque tengo una naturaleza adictiva), ¿qué hago? Dicen que se inspira en el cine clásico norteamericano, que tiene una pegada impactante, una factura que supera con creces cualquier película contemporánea. Leo que “está ambientada en Nueva York durante los años 60, que gira alrededor del conflictivo y competitivo mundo de la publicidad, y sigue las historias de los hombres y mujeres que trabajan en la agencia Sterling Cooper, quienes hacen de vender un arte y cuyas vidas son movidas por sus egos”. La verdad es que un día vi un cachito de nada y me picó el gusanillo. ¿Qué hago? ¿Me engancho -con considerable retraso, lo sé- a Mad Men? En Amazon venden un pack muy apañado de las primeras temporadas, con la versión original en inglés y subtítulos también en el mismo idioma. Ah, por cierto, ¿todavía no son clientes de Amazon? Pues al loro, que esto también engancha (sobre todo cuando compras discos, libros y otros productos con precios hasta un 40% más bajos que en España, con unos gastos de envío mínimos y una seriedad contrastada).

Saber concentrado

Un Kindle
Un Kindle

El conocimiento tiende a concentrarse en estos tiempos contemporáneos. Pasamos de los estantes llenos de libros a los gadgets informáticos de hoy, que lo compendian todo en unos pocos centímetros cuadrados. Como las pastillas de caldo concentrado que al diluirse sueltan todos sus nutrientes, así está pasando también con el saber. El proceso comenzó con la irrupción de la informática en los hogares, en los años 80 del pasado siglo: de aquellos primeros ordenadores domésticos (recuerdo melancólico mi Sinclair ZX Spectrum, que era como una tableta de turrón), a los potentes portátiles que nos acompañan ahora y hacen de todo, excepto buñuelos de viento y croquetas de jamón. Del Commodore 64 al Kindle, el invento lector de Amazon del que estoy prendado y que ahora ve amenazada su supremacía en los fogones del libro electrónico por el iPad de Apple. El saber se condensa en estos aparatos, que al abrirse expanden su aroma por todo nuestro interior, como un tibio sopicaldo reconfortante.