Extraviado audífono

El audífono
El audífono

«Estimado agente, buenas noches. Me encontré hace unos días un sonotone tirado en la calle, al lado de una alcantarilla. Al principio me dio un poco de asco cogerlo, no sé por qué, pero es que me dan grima esos aparatos. El caso es que, poseído de un extraño y morboso impulso, vencí el temor, lo cogí y procedí a insertármelo en mi oreja izquierda. Y verá lo que me ocurrió: vivo en un populoso barrio habitado por una gran comunidad de inmigrantes chinos, una verdadera Chinatown más auténtica que muchas de las que he visto en mis visitas a Estados Unidos. Pues bien, he aquí que descubrí que, al dirigir mi mirada hacia alguno de los muchos carteles en chino que decoran estas aburridas calles, el sonotone al instante me susurraba la traducción al español de los ideogramas en los que se enredaban mis ojos: Tetería Ocio y Descanso; Peluquería El Rizo Feliz; Agencia de viajes Horizonte Despejado… En uno de mis paseos con mi nuevo amiguito insertado en la oreja, vi un cartel pegado en un la puerta de un banco, con celo, escrito en chino y en español: Extraviado audífono de una persona mayor china de este barrio. Tlf. XXX XX XX XX. Se gratificará su devolución con 6.000 yuanes / 652 euros. Por eso vengo: para que me detengan si es que mi delito está descrito en el Código Penal, y para que, en ese caso, me apliquen un agravante, porque no pienso devolver este apéndice, que además me he soldado a mi pabellón auditivo. Siempre me gustaron los idiomas. ¡Espóseme!»

Voces y jadeos

Especies picantes
Especias picantes

«Buenas tardes, doctora. Uso audífono desde hace muchos años, desde que comencé a quedarme sordo, demasiado pronto para mi edad. Pero ahora me preguntaba si lo puedo dejar de usar, o al menos cambiarlo por uno menos potente; no sé. Verá, me acabo de comprar una casa de segunda mano. Cuando entré en ella, me transmitió muy buenas vibraciones. Estaba sin amueblar, salvo la cocina y el baño. En la cocina me llamó la atención un mueble especiero muy bonito; creo que es de madera de palo de rosa. Lo sorprendente es que los anteriores dueños de la casa, una pareja joven sin niños, habían dejado allí botes llenos de especias y algunos recipientes con otros productos. Destapé un bote de cebollas, que aún se conservaban bien -qué extraño-, y al instante creí oír unos lloros; sí, eran voces mezcladas con llantos. Lo volví a tapar, asustado. Luego cogí un bote de curry, y resonó en mi audífono una melodía romántica. Probé con un bote que ponía “especias picantes” y surgieron unos jadeos entrecortados; éste sí que lo tapé rápido, porque ya voy mayor y mi corazón no aguanta estas emociones. ¿Qué puedo hacer? ¿Tiro el audífono y me quedo en silencio? ¿O me deshago del especiero?»