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Kubik Fabrik, Historia de Usera

Kubik Fabrik

Logotipo de Kubik Fabrik

Érase una vez unos creadores, milagreros laicos y talentosos, que abrieron una sala de teatro en un barrio que posiblemente jamás imaginó tener una sala de teatro así. Aquella locura maravillosa se llamó Kubik Fabrik y ha estado en cartel seis años, seis años repletos de obras de altísima calidad que han merecido aparecer en periódicos nacionales que han convertido a Usera, a mi barrio, quién se lo iba a decir, en un referente en la escena alternativa de Madrid. Por arte casi de magia, por la Kubik fueron y vinieron obras que nos hicieron pasarlo en grande a sus seguidores, asombrados de la fortuna de contar en este barrio con un portento de estas características. Por desgracia, aquella maravillosa experiencia tuvo que cerrar el pasado verano, y lo ha hecho con una obra, Historias de Usera, que convierte Usera y sus historias en un emocionante retablo teatral de pequeñas piezas encadenadas sobre leyendas urbanas y episodios sucedidos en la historia reciente de este distrito, dramatizadas por autores de primer nivel, inspiradas en gentes sencillas y trabajadoras, las gentes sencillas y trabajadoras sobre las que recae el peso del mundo. El proyecto nació como una aplicación, Storywalker, que permite escuchar  estas mismas historias en los lugares del barrio donde sucedieron. Son historias de Usera, sí, pero podrían ser historias universales de cualquiera de los barrios de este país, de esas que ocurren en las barriadas trabajadoras como la que yo me crié en Carabanchel, con sus bloquecitos de ladrillo visto y los descampados de arena indefinida que tan presentes están en esta obra. El director de Kubik. Fernando Sánchez-Cabezudo, y su tripulación, encabezada por Fabián Ojeda, se han despedido del barrio con una obra que es todo un homenaje. Sobre las tablas de esta pieza, que se pudo ver hasta este domingo en Matadero después de interpretarse en Kubik hasta el pasado verano, se han juntado actores y actrices veteranos junto a un entrañable reparto de vecinos, toda una proeza que da sentido a la vocación de la Kubik de ser un espacio al servicio de los ciudadanos de este distrito. Será difícil, a partir de ahora, no pasar por la calle donde se ubicaba la Kubik y no sentir un pellizquito de nostalgia en el corazón. Se han despedido del barrio y de sus historias, pero ya forman parte para siempre de la historia de este barrio. Buena suerte, compañer@s, muchísimas gracias por habernos hecho tan felices con vuestro arte.

 

 
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Publicado por en 6 noviembre 2016 en Kubik Fabrik, Ocio, cultura y redes

 

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¿Cómo me he puesto así de gordo?

Arenques

Caja de arenques

«Ando ya para los ochenta años. Me acuerdo de cuando este barrio era un pueblín desangelado al otro lado del Manzanares, en aquel entonces tan lejos del centro de Madrid. Me vienen a la cabeza la guerra, el hambre que vino antes y el hambre y el horror que vinieron después con la victoria del fascio redentor. Años de plomo. Entre tanta grisura sonrío con recuerdos de pequeñas tonterías, de cuando subíamos en el tranvía que nos llevaba al centro, que iba brincando entre el adoquinado de las calles. El puentucho que había sobre el río, que había que reconstruir en cuanto el Manzanares crecía un poquito con las lluvias del invierno (que en aquellos años llovía un poco más, aunque este invierno no está siendo nada seco). Y chupábamos la raspa de la sardina arenque en salazón que comía mi padre, cuando podía, casi que como único sustento. Oiga, usted, qué hambre he pasado yo, un hambre de siglos, una hambruna insaciable. Como un ratón he roído cortezas de jamón, espinazos de cerdo, esas raspas de sardina arenque que le decía, mendrugos de pan miserable, los cachos de tocino rancio y trozos de algo que se parecía al queso, duro como una piedra. Quién me ha visto y quién me ve, porque lo que no me explico, oiga usted, es cómo me he podido poner así de gordo, con toda la hambre que yo he pasado…»

 
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Publicado por en 28 marzo 2013 en Confidencias, Historias reales

 

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La televisión

Televisor

Televisor

«… ¡Ah! Ponme también mitad de cuarto de salchichón ibérico, y luego un trozo de queso manchego metido en manteca. ¿Sabes, Paco? Desde que murió mi marido, te puedo pedir de todo en esta charcutería tan mona que tienes en el mercado. ¡Mi esposo solía estar tan mal del colesterol que se nos estaba poniendo cara de acelga de tanto comer sano! Estoy bromeando; me gustaría tanto que él siguiera viviendo… Le echo mucho de menos, Paco, tan sola. Mis hijos me acaban de regalar una tele de esas planas de ahora, que por trescientos euros tiene de todo, dicen. Cuando me la trajeron, me acordé del primer televisor que tuvimos en casa, hace… 48 años, sí. En blanco y negro, claro; costaba 14.000 pesetas de la época, que era un dinero, ¿sabes? Bueno, qué vas a saber tú, que eres tan joven. Catorce mil pesetas, un dineral. A mi marido se las iban descontando de la paga de Galerías. De Galerías Preciados, un negocio que ya no existe, que es donde él trabajaba y donde compró el televisor. Éramos la envidia del barrio. Con la nueva tele me he acordado mucho de aquel viejo televisor y de mi marido… Por las noches, frente a la pantalla plana que me han traído los hijos, extiendo la mano en el sofá. Parece como si estuviera tocando sus dedos nudosos, aunque él ya no esté más. Presiento que mi vida está virando a sepia y barrunto que pronto se fundirá en negro, por muchos colores brillantes que tenga esta pantalla. Y que, quizá cuando llegue el the end, le vuelva a ver. Ah, Paco, échame también cuarto y mitad de lomo, del ibérico, claro, que hoy vienen los nietos a comer a casa…»

 
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Publicado por en 25 septiembre 2011 en Historias reales

 

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