Buenos días, John

Avería
Avería

«Todas las noches antes de acostarme, doctora, tengo un largo recuerdo hacia el abuelo alemán o sueco o danés al que van a parar los interminables intereses que abono y abonaré por este modesto micropiso do moro. Qué estará haciendo el jodío. ¿Verá la televisión, se recreará en el cielo estrellado sobre la bahía de Göteborg? ¿Dónde queda Göteborg? Me ha dado por pensar que el abuelo al que le completo la pensión de manera tan generosa es un viejo futbolista al que, por sentirle más cerca, vengo en llamar John Eljkaer Larsen; un veterano deportista retirado que arrastró sus botas y su cuerpo por ligas nórdicas de segunda división, y que ahora completa su ya de por sí generosa pensión con los emolumentos que recibe por sus inversiones en deuda de los países pobres del sur de Europa. De aquellos polvos en forma de generoso maná crediticio que se derramó sobre España vienen estos lodos. Y no es que me consuele éticamente ponerle cara a mi acreedor, pero estéticamente me gusta saber que el que engorda a la postre con mi trabajo no es un anónimo capitalista orondo, calvo, con bigote y gran puro, sino mi Eljkaer Larsen, tan poquita cosa. No sé si alguna vez le veré; supongo que cuando yo tenga setenta años, como él, seguiré pagando esta hipoteca… mientras los herederos de Larsen se habrán comprado con la herencia y el esfuerzo de mi trabajo una casita en Menorca, en donde espero poder pasar alguna semana de vacaciones antes de los próximos treinta años, con permiso del señor Euribor. Doctora, ¡viva el mal, viva el capital!» 

Avería, Keynes… ¿Esperanza?

Bruja Avería
Bruja Avería

No es probable, por edad y mentalidad, que Esperanza Aguirre conozca el mantra que la entrañable Bruja Avería soltaba cada dos por tres cuando hacía una trastada en la mítica serie televisiva de los adolescentes de los 80, La Bola de Cristal: “Pero qué mala, pero qué mala soy”, se ufanaba el personaje del programa creado por la realizadora Lolo Rico. Pero sin duda que en la práctica lo aplica. En su discurso sobre el Estado de la Comunidad en la Asamblea de Madrid, cargó contra el Gobierno en la actual coyuntura de crisis económica -qué raro- y volvió a pasar por encima del papel que las políticas ultraliberales que ella defiende tuvieron en el desencadenamiento de la crisis global. Lo curioso es que su discurso coincidió en el tiempo con el segundo aniversario del desplome de la corporación Lehman Bros., que tuvo tanto que ver con la génesis del colapso global tan relacionado con los neocon como ella. ¿Algo que decir al respecto? Nada, por supuesto. Ella insistió en que “no hay más remedio que aplicar las políticas liberales, que son las que han demostrado su eficacia para sacar de la crisis” ante las del Gobierno ” que llevan al despilfarro” y son propias de los que “siguen creyendo en las falacias keynesianas”. ¿Falacias keynesianas? ¿Cómo se puede cargar con tanta soberbia contra uno de los grandes economistas de la historia, cuya teoría es clave en la construcción de los estados occidentales? “Pero qué mala, pero qué mala soy”. ¿Y los problemas de la Comunidad? Inexistentes. ¿El estado de los servicios públicos? No se sabe. ¿El caso Gürtel? A mí, plim. ¡Ah!, por cierto, que se le empieza a ver el plumero en su estrategia de comunicación: en los momentos o días previos al debate suelta siempre una noticia, que empaña por completo lo que se vaya a abordar en la Asamblea. El año pasado fue el anuncio sobre la autoridad del profesor; éste, la persecución de los liberados sindicales. “Pero qué mala, pero qué mala soy”. Habilidad para emular a Avería no le falta, para qué dudarlo.