Mundos paralelos

Bush
Bush

«Doctora, oiga, atravieso días de desguace emocional y tengo las percepciones algo confusas, pero hay gentes peor que yo. Escuché el otro día hablar, o me lo contaron, a SuSan (tidad) diciendo que España sufre un laicismo brutal comparable al de los años 30 y blablabá… Oiga, yo salgo a la calle y no veo ni conventos, ni iglesias en llamas… Es más, leo que el Estado (aconfesional) dedica miles de millones de euros a este credo (confesional). ¿Ah, que me dice usted que no haga caso, que es una vieja estrategia de SuSan para seguir pedaleando y llenando el cepillo? Me deja tranquilo, porque iba a ir a la comisaría a poner una denuncia contra los pirómanos y otra contra el autor del dicho tan español “vivir como un cura”. Doctora, y, otra cosa, luego me dijeron que Bush dice que pá disidente él, que él siempre se opuso a la guerra de Irak; pues, oiga, menos mal que se opuso, porque si llega a estar a favor… Doctora, estoy fatal, pero quizá ellos lo están más. Está claro que vivimos en mundos paralelos, o para lelos, y que alguien necesita un tratamiento urgente. Qué lío. Usted decide.»

Avaros cognitivos

Ardilla avara
Ardilla avara

El sociólogo Manuel Castells cuenta en su reciente obra Comunicación y Poder (Madrid: Alianza Editorial, 2009) que los seres humanos “son avaros cognitivos que buscan información que confirme sus creencias y costumbres, un atajo cognitivo que reduce el esfuerzo mental necesario para realizar una tarea”, una interesante teoría expuesta por otro estudioso de la Ciencia Política, Samuel L. Popkin. Así se explica que, en el proceso de formación de la opinión pública, las personas “tienden a creer lo que quieren creer. Filtran la información para adaptarla a sus juicios previos. Son considerablemente más reticentes a aceptar los hechos que contradicen sus creencias que los que coinciden con ellas”. El conocimiento de este proceso de avaricia cognitiva, por citar un ejemplo que menciona Castells, fue utilizado por la Administración Bush para continuar haciendo declaraciones engañosas sobre la milonga de las armas de destrucción masiva como justificante de la guerra de Irak, que siguieron repitiendo una y otra vez aun cuando ya se hubiera demostrado su falsedad. Mucho ciudadano norteamericano, a pesar de todo, siguió creyéndoles. Una interesante teoría que nuestro refranero condensa con sabiduría: “No hay peor ciego que el que no quiere ver” / “No hay peor sordo que el que no quiere oír”.