800 primaveras

Compostela
Compostela

Sobre la piel de toro han brotado a veces flores, a veces lunares, durante estos largos siglos de historia. En estas últimas décadas de ladrillazo y tentetieso el cutis se le ha estropeado con tanto hormigón, sobre todo en la costa. Pero hace casi mil años surgió una flor de piedra en una de sus esquinas, la que mira más al noroeste, levantada sobre la leyenda originada alrededor de una tumba, algunos dicen que de un santo, otros que del hereje Prisciliano. Qué más da. El caso es que para compensar la levedad de esa posible ficción se tallaron en sólida piedra palacios, templos, escalinatas, fuentes… hasta conformar las estrellas que componen el skyline de Santiago de Compostela, una de las ciudades más bellas de la península, cuya catedral está de 800º cumpleaños.

Historia de una gárgola

Gárgola
Gárgola

«No es mala cosa ser una gárgola en esta catedral. Es mi castigo y, al tiempo, mi satisfacción. En otra vida anterior, yo era una persona tóxica, siempre echando mierda sobre mis vecinos, difamándoles y calumniándoles. Y el tiempo, que acaba poniendo a cada uno en su lugar, me impuso una merecida condena. Al reencarnarme me convirtió en lo que ven: un ser terrorífico en la distancia corta, encaramado en esta cornisa. Después de ¿cuatrocientos años? aquí, me gusta derramar agua sobre los transeúntes de la hermosa flor de piedra que es esta villa. Tengo el honor, reconocido en una medalla de granito que me prendieron sobre el pecho, de ser la primera gárgola de los tejados del burgo que avista el nacimiento del sol. Agradezco sus rayos tempraneros, que calientan esta piel de piedra mía. Y luego veo con tristeza su marcha hasta el día siguiente. En invierno, el agua del día se convierte en hielo por la noche, y me arruga el rostro todavía más. Tales son los hitos de mi vida, en la que disfruto posando para las cámaras de turistas como usted, que me inmortalizó para siempre, al menos para otros cuatrocientos años más.»