Al revés

Sean Penn
Sean Penn

«Vaya por Dios. He leído el periódico demasiado deprisa y demasiado en diagonal y tengo una confusión neuronal considerable, como si hubiera sumergido lo que me queda de cerebro en una coctelera y le hubieran pegado unos meneos en Chicote. Resulta que en Madrid todas las procesiones las van a protagonizar ateos convictos y confesos que van a sacar en procesión a Scarlett Johansson y a Sean Penn como testimonio de su amor al Sumo Hacedor, Sumo Hacedor que en realidad es el Gobierno de China que ha decidido comprar ingentes cantidades de derechos humanos en todo el mundo para saldar la deuda que tiene con su sociedad de tal forma que que los ciudadan@s de la República Popular sean merecedores de tal nombre y no ocurra lo que en España, en donde se juzga antes a los jueces que a los corruptos a quienes persiguen. Ah, no, que esto último no es al revés, que es ¿al derecho? Qué carajal tengo; debe de ser la alergia al polen.»

El censor

Tijeras
Tijeras

«Amada doctora, le habla Cleofás Cista, para servir a Dios y a usted. Perdone que no haya podido ir a la consulta y que le escriba este correo eléctrónico, pero me dio un ataque de melancolía pensando en cuando era más joven y trabajaba de censor para el régimen. ¡Ah! Qué placer me producía cortar una película subidita de tono en la que aparecía un beso, no le digo nada si el corte afectaba a un seno incipiente, o a la curva de un muslo… Pero no era menor el también intenso placer que me generaba cortar de un libro palabras como “democracia”, “derechos humanos”, “libertad”. ¿Y qué hacía con todos esos recortes? Los iba archivando en una caja, y por las noches los mezclaba en fantasías interminables, con un sucio y paradójico sentimiento de culpa. Lástima que la llegada de la democracia arruinara mi trabajo y me condenara a vagar como alma en pena. Estoy ya mayor, pero, dígame la verdad, ¿cómo estoy de salud para emigrar a otro país en donde pudiera retomar mi vieja querencia por las tijeras, China por ejemplo? Si lo de China no me lo recomienda, había pensado como alternativa irme a Valencia: allí seguro que el presidente Camps me podría dar un buen puesto para eliminar de las emisiones públicas palabras como “correas”, “bigotes”, “trajes”. ¡Gran placer!»