Ciencia aflicción

Derecha
Derecha

La agenda se carga de política: no en vano hay elecciones dentro de nada para elegir a los responsables de gestionar el espacio público más cercano a las personas. Hoy toca hablar del estilo de hacer oposición de la gente que dirige a la derecha de este país. Su estilo bronco, soberbio, altanero, que desprecia al contrario, convenientemente amplificado por cavernarias terminales mediáticas… Una derecha que durante todos estos años de gobierno del PSOE ha construido su oposición sobre falsedades: desde el 11-M a la lucha antiterrorista (hoy volverán a jalear este asunto en las calles de Madrid, a pesar de que, como recuerda hoy algún periódico, «nunca ETA tuvo tan pocos comandos y sufrió tantas detenciones de su cúpula como en esta era socialista»), por citar dos ejemplos. Su amenaza de un «se rompe España» que nunca se ha producido. Su oposición a los avances sociales que se han conquistado. El emporcamiento del espacio público con sus numerosos casos de corrupción, que plagan sus listas electorales para el 22-M. Su negativa a apoyar al Ejecutivo en el combate contra la crisis, con el pretexto de «cuanto peor, mejor». Su falta de un talante constructivo, tan necesario en democracia: ¿qué proponen?, ¿qué ofrecen? El gustirrinín que les dan los malos datos económicos, que apenas disimulan con tal de que les lleven al poder. Sus maneras, que causan asombro en otros países europeos. Su alianza con los sectores más retrógrados de este país. Su agenda oculta, que desvelan cuando se despistan (lo penúltimo, el copago sanitario y educativo; lo último, la segregación educativa), y que comenzarán a aplicar en cuanto lleguen al poder central, como hizo Cameron en el Reino Unido. Sus argumentos casi que de ciencia ficción, aunque por el daño a la convivencia que producen, habría que hablar de ciencia aflicción.

Fahrenheit 451

Ray Bradbury
Ray Bradbury

Desde que la vi siendo adolescente, siempre he tenido en mente las imágenes de la versión cinematográfica de la fábula futurista Fahrenheit 451, escrita en 1953 por el autor norteamericano Ray Bradbury, con esos bomberos pirómanos consagrados a destruir el saber en forma de libros, incendiando bibliotecas como si quemaran, en realidad, personas, en una pesadilla en la que pensar está prohibido y es peligroso para la existencia. Las imágenes de esta obra maestra de la ciencia ficción han cobrado ahora forma de nuevo con la publicación de esta conocida novela de Bradbury en forma de una gran versión en cómic elevada a arte mayor, del también estadounidense Tim Hamilton: una novela gráfica -género que inventara el inmortal Will Eisner-, que en España acaba de publicar el sello madrileño 451editores. La moraleja de esta obra -la resistencia frente al totalitarismo y a la censura, encarnada en hombres y mujeres que memorizan los libros para que estos nunca desaparezcan- sigue vigente. Como escribe Bradbury en una introducción específica para esta edición en cómic, «me gustaría sugerir que todo aquel o aquella que lea esta introducción se tome un tiempo para escoger el libro que más le gustaría memorizar y proteger de cualquier censor o bombero. Y no sólo escogerlo, sino dar las razones de por qué querría memorizarlo y de cuál es el valor por el que debería recitarse y recordarse en el futuro. Creo que si mis lectores se reúnen y hablan de los libros que han escogido y memorizado pueden producirse encuentros muy entretenidos». Para que nunca se pueda llegar a los 451 grados Fahrenheit (o 233 grados centígrados) que se necesitan para que arda el papel.