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Que les dejen correr

Pizarra por el paro educativo de hoy

Pizarra por el paro educativo de hoy

En el cole público de mi hija les ponen música por los altavoces del patio cuando abren las puertas cada mañana a las nueve, a modo de bienvenida. Los madres y padres nos despedimos en el quicio del portón que da al patio de los mayores (así le llaman), y por allí entran ellos, tan diminutos todavía, y más pequeños aún en comparación con los mochilones que tienen que arrastrar. Por allí entran agolpados, arracimados, mi hija de ocho añitos y sus pequeños colegas, mi Estrella portando su cartera el almuerzo que le preparo cada mañana con toda la ternura del mundo. Los miércoles toca fruta, así que ayer entre Estrella y yo preparamos una brocheta con fresas que cogimos de nuestra azotea, alternadas con rodajas de plátano y bañadas con siropes de chocolate y de caramelo. Ayer por la mañana, como otras muchas mañanas, les pusieron una canción energética y energizante que me encanta y que queda muy bien como banda sonora para empezar cada jornada las películas de sus pequeñas vidas: Born to Run, de Bruce Springsteen. Esto ocurrió el miércoles. Hoy es jueves, día de paro educativo, y la niña no va a ir al cole. Hoy en el patio del cole de mi hija no creo que suene Born to Run, Nacidos para correr, sino un silencio triste, sin el eco de los ruidos infantiles de fondo. La canción de hoy es una pieza muda: el eco soterrado de una nueva protesta contra los reiterados recortes educativos que se están cebando con una enseñanza pública que debería dejar correr los sueños, las ilusiones y el ansia de saber de los escolares, sin que los cercenen los planes del ministro Wert y de este Gobierno pavorosamente conservador.

 
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Publicado por en 24 octubre 2013 en Actualidad, Historias reales

 

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Calles despuestas

Calles de Madrid

Calles de Madrid

Antes de la crisis, porque antes de la crisis también había realidad, cuando alguien quería salir demasiado pronto de su casa, casi que a la amanecida, cuando las sombras de la noche difuminan la realidad y todos los gat@s son pardos, siempre había alguien que reponía para intentar disuadirle: “Pero ¿dónde vas? ¿No ves que no están puestas las calles?”. Ahora sale uno a la calle, ya sea pronto o ya sea tarde, y las calles ya están puestas, pero puestas de aquella manera. Cruza uno el portal y se encuentra con una realidad cosida a machetazos y con socavones por dondequiera que uno mire. Calles puestas, de aquella manera, sí: aquí se recortaron los servicios de un centro de salud, allí un colegio sobrevive a pesar los tajos. Allí se ve un solar de un polideportivo municipal tan necesario para este barrio, pero que nunca se hará. Por aquella linde, rayana en el horizonte, solía pasar un tren de cercanías que ya no volveremos a oír pasar porque los gestores de la pela han dicho que sale caro. Al sol le falta un cacho porque alguien se excedió con las tijeras de podar, y la luna llora por la noche de angustia con los desvelos de tanta gente que no puede conciliar el sueño. Las calles están despuestas.

 

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Felices fiestas

Qué fin de año tan raro. Hogaño apenas hay luces navideñas en la gran ciudad, al lado del alumbrado masivo de antaño. Apenas felicitaciones (las de papel pasaron a la historia, por supuesto, pero tampoco las electrónicas se han prodigado mucho, al menos en comparación con las que yo recibía en años precedentes)… Y no creo que sea solo una impresión mía. Está todo más triste, más lacio, más mustio. Este 2012 que ha sido toda una tunda de realidad nos ha desprovisto de los disfraces y las imposturas, para darnos de bruces con lo que hay: y lo que hay es eso, mustio, lacio, triste. Pero tampoco hay que caer en el desánimo ni perder la esperanza, aunque vengan tan mal dadas. Yo esbozo una sonrisa por las cosas buenas que me han pasado este año, y otra más por las cosas buenas que vendrán, a pesar del aspecto tan amenazador que tiene 2013. Traslado a los lectores de este cuaderno de bitácora mi deseo de felicidad y de que todo se vaya arreglando, que mi hija Estrella plasmó en esta felicitación con la que ganó un concurso en su colegio. Ella es, también, garantía de felicidad y de futuro. Felices fiestas.

Felicitación navideña de Estrella

Felicitación navideña de Estrella

 
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Publicado por en 24 diciembre 2012 en Actualidad

 

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Las prioridades de cada cual

Doris Lessing

Doris Lessing

En esta mañana meona en el Foro, por lluviosa, releía la introducción a El cuaderno dorado, de la novelista Doris Lessing. Hay una parte en la que Lessing habla de los sistemas educativos que moldean a nuestros hijos que me ha interesado de manera especial: “Desde el principio, se entrena al niño a pensar así: siempre en términos de comparación, de éxito y de fracaso. Es un sistema de desbroce: el débil se desanima y cae. Un sistema destinado a producir unos pocos vencedores siempre compitiendo entre sí. Según mi parecer (…), el talento que tiene cada niño, prescindiendo de su coeficiente intelectual, puede permanecer con él toda su vida, para enriquecerle a él y a cualquier otro, si esos talentos no fueran considerados mercancías con valor en un juego de apuestas al éxito”. Son palabras escritas en 1971, pero siguen teniendo vigencia, porque cuando uno tiene hijos, como es mi caso, se plantea el papel que juega la escuela en su formación, y muchas cosas no han cambiado. Pero no es solo la escuela la que tiene culpa en esta concepción de la educación: en esta sociedad ultracompetitiva son muchos los padres que ven a su hijo también como un caballo de carreras, como un prototipo de bólido en el que verse ellos realizados y ver realizado lo que no pudieron hacer, destinados solo a competir y a ganar, lo que en ocasiones acaba produciendo en las pobres criaturas unas tensiones terroríficas. Yo, para mi hija, quiero que siga creciendo libre, autónoma y feliz, y que aprenda a ser independiente y a valerse por sí misma desarrollando su inteligencia (y más siendo niña, teniendo en cuenta que, por el hecho de ser mujer, quizá tenga que afrontar situaciones de discriminación que no afecten a un niño); que llegue tan lejos como pueda y quiera, sin pisotear a nadie por el camino. Cuando pasen unos pocos años, le pasaré El cuaderno dorado a Estrella  para que le eche un ojo (aunque creo que, más bien, será ella quien lo coja del estante).

 
 

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