Semántica del residuo

El testimonio
El testimonio

«Querida doctora. Querido agente. Les cito por primera vez de forma conjunta porque el caso se las trae. En resulta que la semana pasada encaminaba mis pasos hacia el lugar donde trabajo (lo suelo llamar «el convento», porque aunque está animado por un espíritu laico, paso larguísimas horas enclaustrado en él). Al grano, que se me va la olla: como les decía, bajaba hacia mi trabajo, paseando por las calles de esta bella ciudad de Madrid, cuando hete aquí que topé en la acera con los residuos que ilustran la foto que acompaña estas líneas: un pijama usado a rayas, de aspecto presidiario, sobre el que reposaba, sin dolor y en apariencia de manera placentera, un viejo diccionario español-holandés / holandés-español (spaans-nederlands / nederlans-spaan). Semejante hallazo me turbó para toda la mañana, y ya no pude rendir en condiciones como se merece en la causa laboral a la que me entrego. No paré de hacerme preguntas: agente, ¿se habría cometido un crimen entre la colonia flamenca de esta Villa y Corte (el pijama no presentaba rastros de sangre ni de otros fluidos, aunque no quise toquetearlo). Doctora, ¿qué hace un diccionario reposando a la altura de la bragueta de un pantalón de pijama usado? Sé que son preguntas sin respuesta, pero tenía que hacérselas a ambos. ¿Es la bragueta un gua para el conocimiento?»

Ánima del purgatorio

Ánima del purgatorio
Purgatorio

«Querida doctora: en este lío enredoso y confuso que es la vida padezco de constantes ardores que no hacen sino marearme más. De arriba y de abajo, de abajo y de arriba. Algo de religión recuerdo, y se me nota en cómo lo aplico a mi callada existencia. A la altura del estómago siento que tengo algo de infierno, sobre todo en función de lo que coma: las legumbres me van bastante mal y me hacen crepitar. No sé si en mi cuerpo ha lugar para un cielo, porque no lo encuentro por más que lo busco. Leí con atención las últimas declaraciones del Papa, en las que sostiene que el purgatorio no es un lugar del espacio en las entrañas de la Tierra: «El purgatorio no es un fuego exterior, sino interno. Es el fuego que purifica las almas en el camino de la plena unión con Dios»; «un fuego interior que purifica el alma del pecado». Algo de eso me pasa: que pecados tengo muchos, y espero tener alguno más, aunque sean todos más bien veniales; soy de natural inocente y mi mente no suele maquinar muchos males. Doctora, quería consultarle por esas combustiones y pulsiones ardientes que siento bajo mi piel: ¿me manda usted algún medicamento, me pego una ducha, dejo que me consuman las llamas o espero por una próxima encíclica del romano pontífice que me acabe de hundir en el tormento de la duda?»

Formas caprichosas

La Bruja de Oro
La Bruja de Oro

«Querida doctora, cuando cierro los ojos veo formas caprichosas dentro de mis pupilas que se anticipan al futuro. Son como burbujitas evanescentes; algunas se van hinchando como nubecillas preñadas de agua que ¡pumba! revientan de golpe y me dejan empapado de la piel pa dentro. A veces esos pequeños cuerpos se me asemejan a gentes que he conocido. Otras más bien parecen letras, de distintos alfabetos (conozco el latino, pero entreveo incluso letras del cirílico y algunos caracteres chinos). Últimamente veo números, muchos números; sí, barrunto que tienen que ver con el Sorteo de Navidad de mañana miércoles. Los he apuntado y he podido comprar en La Bruixa d’Or unos décimos con esos guarismos. ¡Este año seguro que nos toca (se lo digo por el décimo que le regalé)! Doctora, si ve que no vuelvo la próxima semana a la consulta, posiblemente es que ya seré millonario; ya le mandaré una postal desde Miami. Leí que todo esto de las manchitas de mis ojos tiene una explicación científica, creo recordar que relacionada con los glóbulos de la sangre o dios sabe qué, pero a mí me gusta pensar que estas formas revelan que tengo mucha vida interior. Más que exterior, sin duda. ¡Suerte!»