Agujeros zampadores

Cecilia
Cecilia

«”A cada paso que piso”, doctora, “un paso menos que dar”, cantaba Cecilia. Lo malo, doctora, es pasos, ¿hacia dónde? Porque, oiga, estos días veo a mis congéneres dar un paso, y de repente se abre ante él, o ante ella, en plena calle, un abismo negro y sin fondo y, ¡pumba!, se lo zampa. Y mira que el congénere aquel o aquella iba prevenido y preparado para la catástrofe, pero pal fondo que se ha ido sin decir amén. “¡Otro que ha caído!”, pienso mientras me arrebujo en mi existencia, no vaya a ser que también se la zampe ese negro agujero. Porque, oiga doctora, usted que es tan lista, con esos doctorados y esos másteres que orlan su trayectoria, ¿dónde van a parar todas las ilusiones y todos los sueños, todas las vidas que se está comiendo esta puta crisis sin eructar siquiera? ¿Alguien lo sabe? Antes íbamos al cielo o al infierno, pero ahora parece que acabamos vagando todos en un limbo incierto, como los satélites sin uso que forman cadenas de basura interestelar alrededor de nuestro planeta, sin volver a emitir jamás señales.»

Vida social

Eurocopa
Eurocopa

«Doctora, me encuentro como Mariano. Desorientado, digo. El pobre no quiere comparecer ni a rastras en el Congreso para explicar la cosa del norescate a España según él, pues se ve que no tiene ni idea y está sobrepasado por las circunstancias, el pobre. Así que al pobre no le queda otra que refugiarse en las retransmisiones del Eurogrupo, digo no, perdón, que esas son a puerta cerrada y casi que mejor no saber los entresijos, porque igual se le pone a uno mal cuerpo y ganas de vomitar; las retransmisiones de la Eurocopa quería decir. Pero el problema es que a mí el futbol me la trae al pairo y de lo del rescate no rescate algo entiendo pero casi que prefiero no entender porque no hay dios que lo entienda, y si entiendes demasiado dan ganas de abrir la espita del gas. Total, que así, ¿cómo va a tener uno vida social y temas de conversación, doctora? ¿Y si, a pesar de todo, me intento hacer coleguita de Mariano y nos hacemos compañía el uno al otro?»

Los sabáticos selváticos

¡Oh, sorpresa!
¡Oh, sorpresa!

«¿Y si emprender un año sabático, doctora, fuera un peaje obligatorio a estas alturas de la vida? Los guiris anglosajonaicos se toman esta práctica con 18 años, pero lo que mola es hacerlo ahora, en el ecuador del camino. Venga, descompresión. Fuera agobios. A reírse y a descansar. La crisis, para los crisáceos y los crisantemos. Nosotros a disfrutar, a fundirnos los pocos ahorros antes de que se los coma el BCE y a viajar quién sabe dónde. Una baja voluntaria en el trabajo, un avión y a volar. Pirémonos a algún sitio o selva donde ni siquiera entiendan nuestro idioma, el idioma de los urbanitas tontos. No, no hace falta ir al extranjero, igual podemos encontrar el paraíso aquí mismo. Venga, si nada merece la pena, pirémonos. A la vuelta, si hay retorno, ya pensaremos qué demonios hacemos con nuestras vidas, si es que hay vidas. Doctora, rompa su rutina y deje de atender pacientes tarados: escápase conmigo, pongámonos ambos en barbecho sabático, a descansar la tierra de nuestros cuerpos en alguna selva, a ver qué germina y qué florece en el futuro.»