Generaciones futuras

El Gran Atasco
El Gran Atasco

No sé cuántos gases expulsa un coche en el trayecto de casa al trabajo y del trabajo a casa. Pero sí calculo que un utilitario debe de pesar como unos 1.500 kilos frente a los 75 kilos de media del ocupante que suele transportar. Y venga litros y litros de combustible que el vehículo se merienda y excreta en forma de miles de partículas que están contaminando gravemente el aire que todos respiramos. Cuando accedo al centro de la ciudad cada mañana a bordo de mi autobús de la EMT solo veo, en los carriles aledaños, coches ocupados por una persona: el conductor, y punto pelota. Así enormes colas de vehículos monoocupados; es raro ver un coche en el que haya más de un paisano. A veces pienso que algún día nos quedaremos todos atrapados en la combustión permanente y sin poder movernos un centímetro, y eso me recuerda una obra que vi hace años en la sala teatral Kubik Fabrik, El Gran Atasco, que tal vez pueda convertirse en una premonición de lo que está por venir. Miles de litros de combustible, cantidades incalculables de polución en el ambiente, todo para mover un cuerpo de 70 kilos a bordo de un coche de tonelada y media. ¿Tiene sentido este mundo? Algunos colectivos -en España, la Fundación Savia– están defendido ya la creación de un Defensor de Generaciones Futuras, una figura que vele por el mundo que le vamos a dejar a los que están por venir, a los que deberíamos legar algo más que una inmensa nube de humo.

Calarse la boina

La foto
La foto

Se puede oler y casi hasta masticar. La contaminación que sume esta gran, extraordinaria ciudad de Madrid en una bruma permanente se acrecienta día tras día de ausencia de lluvia, ante la impasibilidad de unos gobernantes locales a los que parece darles igual y que, es más, hacen todo lo que pueden por ocultar las mediciones oficiales sobre la boina de mierda que cubre la villa. Ayer algunos de esos gobernantes, del PP, posaron para una foto electoral, con la polución de fondo como testiga de su permanente apatía para encarar este problema de salud pública. Seguro que la mayoría de ellos llegaron hasta el lugar de la foto en contaminantes coches oficiales, uno en cada uno, claro, para no mezclarse. Y en esos mismos coches oficiales se fueron, uno en cada uno, claro, para poder despellejar a gusto a quien tenían al lado en cuanto se quedan a solas y dejan de sonreír para la foto. A seguir contaminando, y a seguir negando la existencia de la boina, aunque la tengan calada hasta los ojos.

PD: En la foto no estaba Esperanza Aguirre, muy entretenida con los recortes a la educación y a la sanidad de tod@s. Este próximo sábado, únete a la manifestación que recorrerá las calles de Madrid a partir de las 12:00 (Atocha → Benavente), en defensa de la escuela pública.

Tiene que llover

Duran
Duran

Tiene que llover a cántaros sobre la piel de toro. Para eliminar las boinas de suciedad y polución que se aposentan sobre las ciudades. Una lluvia suave y persistente a la vez, que elimine la contaminación acumulada en este cálido otoño. Y que luego salga el sol y blanquee la piel de toro, sin llegar a cuartearla. Un agua purificadora que, sobre todo, se lleve por delante los prejuicios que a estas alturas todavía existen entre las comunidades de esta antigua nación, una de los más viejas de Europa para tantas cosas. Los prejuicios entre norte y sur; entre este y oeste. Los prejuicios sobre los que cabalgan formaciones nacionalistas como la de Duran i Lleida, que acaba de cargar contra los jornaleros andaluces, una vez más, olvidándose de los millones de emigrantes andaluces, y de manchegos (mi padre entre ellos), y de gallegos, y de extremeños… que marcharon a Cataluña décadas atrás, sin cuyo trabajo y entusiasmo la industria catalana nunca habría podido desarrollarse. Y que se borren también los prejuicios que en muchas zonas y en muchas latitudes ideológicas se siguen teniendo hacia Cataluña, que ha sido siempre motor de España. Y que, tras la lluvia, la nación se funde sobre una defensa común de valores, y no sobre un conjunto de banderas desvaídas.