Olvido, no dimitas

Intimidad
Intimidad

En un país en el que no dimite ni el tato por gorda que la haya liado, resulta que una concejala socialista del Ayuntamiento de Los Yébenes (Toledo), Olvido Hormigos, pretende presentar su dimisión luego de que se haya difundido por las redes sociales un vídeo íntimo. Internet echaba ayer humo con el asunto, desplazando de sitio a la maldita crisis que lo ocupa todo y todo lo emborrona. ¿Qué delito o falta ha cometido Olvido para que deba abandonar su cargo? Ninguno. No dimita, usted no ha hecho nada malo. Es solo una mujer que da rienda suelta a su pasión, en unas imágenes que no debieron traspasar su intimidad y la intimidad de quien ella  quería, y que solo lo han hecho gracias a algún desalmado. Eso es todo, y eso, parece mentira y es lo verdaderamente vergonzoso, sigue molestando a las mentes casposas y cavernarias, que en estos tiempos de crisis vuelven por sus fueros. Quienes deberían dimitir son los políticos que nos sumen en este estado de depresión colectiva, los recortadores como Mariano Rajoy, los austerócratas como Angela Merkel, que hoy se encuentran en Madrid, los protagonistas de un triste vídeo de tijeras podadoras, y no usted.

PD.- Una buena noticia. La concejala anunció esta mañana que, después de todo el apoyo popular que ha recibido, no dejará el cargo. Ya hay una persona imputada por violación del derecho a la intimidad y el asunto está en manos de quien debe estar: los tribunales de justicia.

Vuelta a la tartera

Tartera
Tartera

En este país nos creímos, o se creyeron algunos, los más guapos, los más listos y los más ricos del universo mundo. Olvidamos, como cuenta con gracia una compañera, que nuestros abuelos hacían caca y pis en el corral. Aquí todo dios parecía nacido en La Moraleja, con apellidos en el Gotha y abuelos de abolengo que habían velado armas en la Reconquista. Pero, ay, que no. Que este era un mundo y una sociedad con pies de barro. Que siempre hemos sido pobres: lo que ocurre es que un chorro de dinero barato (procedente de Alemania, por cierto; de ahí que Angela Merkel no ceda un ápice a la hora de cobrarse la pieza) nos quitó algo de mugre y nos limpió el barrillo. Pero ahora volvemos donde solíamos. Un país que se creyó en la cresta de la ola, pero no. Ahora los críos -privados de becas y de ayudas públicas por la gracia de Mariano Rajoy y sus doctrinas neocon (el que quiera educación, que se la pague; el que quiera sanidad, que se la pague)- volverán en muchos casos al cole con el tupper de hoy, la entrañable tartera de antaño toda la vida, testigo de nuestra modestia y señal del futuro incierto que aguarda a nuestros hijos, a nuestras hijas. Perra vida.

Crisis de codicia

Codicia
Codicia

«Aquí en España, doctora, se ha concentrado una gigantesca crisis de codicia, que llegó a sus límites alimentada por el proverbial apego de cada cual a lo suyo y a la ausencia de sentimiento colectivo, al egoísmo del españolito y al ande-yo-caliente-ríase-la-gente. Los bancos lo pusieron todo perdidito de créditos tirados por los suelos, pero, ¡ay!, ya no nos queremos acordar de aquellos años en los que todos deseábamos que los pisos valieran más, y más, y más… Venga, doctora, que nos creímos todos millonarios de golpe y mi piso de mierda llegó a costar lo mismo que un adosado en las afueras de París. ¿No nos dimos cuenta de que aquello era una falacia que tenía que reventar o, más bien, no nos quisimos dar cuenta? Políticos y bancos tuvieron una enorme parte de responsabilidad, sin duda, unos por permitir la burbuja y no velar por el bien común y otros por llenarla de aire caliente, pero, ¿y el comportamiento de cada cual? ¿Para qué vale que el precio de su piso en aquel entonces creciera sin parar, si resulta que sus hijos no se podían emancipar? Las consecuencias de aquella locura colectiva de codicia las vamos a pagar durante generaciones: el país se endeudó hasta extremos, y ahora eso es el pretexto perfecto para recortar y recortar servicios públicos. Mi codicia, y la tuya, y la de aquel, y la de aquella, nos ha traído la ruina a tod@s. Gracias a tod@s por esta nada tan absoluta.»