Bombarderos ciegos

Bombardero
Bombardero

Pilotaron las aeronaves de combate durante los tiempos aparentemente brillantes a primera vista, profundamente oscuros bajo la superficie. Los tiempos del boom del ladrillo, la burbuja inmobiliaria y un crecimiento económico más falso que Judas. Desde ahí arriba derramaron sobre nosotr@s, los incrédulos de abajo, toda clase de mierdas. Esparcieron tóxicos por doquier encima de nuestras cabezas: tasaciones sobrevaloradas, hipotecas infladas, créditos a mansalva. Fueron como los bombarderos ciegos que sueltan las bombas bajo sus alas a un golpe de joystick, dan media vuelta en el aire y siguen volando en el cielo, consolándose en que no ven el mal que comportan sus actos bajo sus alas. Acaban hasta condecorados tras la guerra. Ahora vuelven los mismos bombarderos ciegos echando sobre nosotr@s, los de abajo, toda una nueva oleada de bombas no de racimo, sino de tijeras que recortarán nuestros cuerpos: fuera derechos, fuera libertades. Los culpables del caos de la crisis aseguran, más borrachos de cinismo que de costumbre, que también tienen la solución. Y volverán a ser condecorados después de dejar tras de sí, aunque no lo vean, o no lo quieran ver, un rastro de destrucción.

Muertos muy vivos

Guadaña
Guadaña

«Doctora querida, este es un mundo lleno de vivos que se lo están llevando muerto por la patilla. Un ejemplo: los financieros a los que se les hacen inyecciones de crédito (la venidera de Bankia: 23.000 millones de euros, más del doble del viaje que le pegó el Gobierno del PP de Mariano Rajoy a la sanidad y a la educación). Vivos que se lo llevan o han llevado muerto, y a los que hay que seguir haciéndoles transfusiones de sangre para que no desfallezcan, a costa del desfallecimiento de todos los demás mortales, que de por sí estamos muertos a fuer de no haber sido nunca tan listos. Y resulta que tampoco hay mucho que hacer según dicen los entendidos, pues si no se les insufla sangre nueva y fresca, todo el país será un camposanto. Menudo dilema el de la piel de toro, un toro ahora en los huesos y puro pellejo después de haberse comido, merendado y cenado las vacas gordas. No sé si me se entiende, doctora. ¿Le queda algo de papeo en la nevera?»

Que generen esperanza

Jordi Évole
Jordi Évole

Jordi Évole, El Follonero, es uno de los grandes periodistas de este país. Se ha hecho un hueco imprescindible entre las procelosas aguas televisivas y su programa dominical de La Sexta es todo un escaparante de informaciones que no se ven en otros medios. El pasado domingo dedicó su espacio a hablar de la crisis con especialistas que la explicaron de manera comprensible para el común de los mortales y se fue hasta Grecia para entrevistar a los ciudadanos y ciudadanas que sufren el drama: un reportaje que yo no he visto en otras grandes cadenas, ni en otros grandes medios. Ojalá no llegue nunca aquí lo de Grecia, aunque compartamos génesis: una economía enladrillada, entidades bancarias que concedieron créditos a mansalva, una sociedad viviendo muy por enima de sus posibilidades… Uf, demasiados parecidos como para no echarse a temblar. Y pese a toda la tremebunda situación, el reportaje se cerró con esperanza: con una entrevista a Federico Mayor Zaragoza en la que el exdirector general de la Unesco abogó por otras políticas y por otra manera de salir de la crisis, que no sea el mero recortazo. Mayor Zaragoza evocó el ejemplo de la luchadora por los derechos civiles de Estados Unidos Rosa Parks para cambiar el mundo, pasito a pasito, y nos dijo que también nosotros podemos cambiar el rumbo del autobús de la historia. Un político que no abronca, que no culpa a los demás, que infunde esperanza: eso es lo que hace falta.