Polvorones

Polvorones
Polvorones

La tradición y la costumbre no escritas en la piel de toro establecen que un polvorón, antes de llevárselo a la boca, debe ser estrujado, amasado y aplastado a conveniencia, con el envoltorio de papelillo puesto, para que luego no se desparrame y se desmigaje cuando se le quita el papel y la ingesta sea más cómoda. En esto la sociedad española, tan dada a tener cincuenta opiniones por cabeza y por minuto, cambiantes y contradictorias las unas con las otras, no admite discrepancias. El buen polvorón hay que trabajárselo previamente para que la experiencia sea completa. Nadie sabe dónde está Mr. Depende, que sigue sin emitir señales una semana después de su resonante victoria, pero posiblemente esté recibiendo instrucciones de allende los Pirineos, de Germania o más allá, para ir preparando la masa polvoronosa poco edulcorada, amarga más bien, que los españoles y las españolas vamos a empezar a engullir en breve y sin compasión. Va a ser una receta que pasará a los anales gastronómicos. Y sin masaje previo, que no hay que malgastar esfuerzos.

Inside Vote

Inside Job
Inside Job

En estos tiempos de crisis mundial hay una descripción de lo que ha ocurrido que también es una máxima que se ha venido aplicando en estos años: los beneficios se privatizan, las pérdidas se socializan. La industria financiera se volvió loca en Estados Unidos, al calor de la absoluta desregulación del sistema según parámetros neoconservadores gestados en la administración Reagan, y dejó de prestar servicios al resto de la economía para convertirse en un fin en sí misma y para enriquecerse a toda costa, repartiendo millonarios dividendos entre sus miembros. Fueron los tiempos en los que a unos pocos se les ocurrieron alambicadas y complejísimas formas de hacer negocio con las hipotecas y los ahorros de la mayoría, hasta que la burbuja reventó con desastrosas consecuencias sociales para Norteamérica y para el resto del mundo, España incluida (en nuestro país, con el agravante de la burbuja ladrillera). De todo esto se habla en el conocido documental Inside Job (Charles Ferguson, 2010), que en esta jornada de reflexión merece un pase en la tele de cada cual y podría pasar a llamarse Inside Vote. Porque el modelo económico que reventó en 2008 en Estados Unidos no surgió por generación espontánea: se produjo al amparo de políticas neoconservadoras que en nuestro país, mañana llamado a las urnas, tienen seguidores con nombre y apellidos. El pato de la crisis en España no lo pueden pagar ni el Estado del Bienestar, ni los servicios públicos, ni las gentes que menos tienen. Para que las pérdidas no se socialicen, porque no todos los partidos ven igual quién ha de pagar el pato y cuáles son las recetas para remediar la situación.

Poblados espectrales

Ladrillos
Ladrillos

Hay grandes extensiones de terreno en los paisajes españoles arruinadas por el ladrillo. Espacios enormes repletos de edificaciones a medio terminar y que posiblemente nunca llegarán a albergar a nadie. Promociones urbanísticas gigantescas de casas vacías, varadas como cáscaras de nuez en medio de páramos inhóspitos. Adosados levantados en los tiempos del frenesí urbanístico, edificados a un ritmo muy superior al de la demanda real. Eran los tiempos de la burbuja que comenzó a crecer aproximadamente en 1996, cuando los precios empezaron a ponerse por las nubes y aquí se seguía vendiendo todo a precios desorbitados, con la premisa de que «la vivienda nunca va a bajar de precio» y el sustrato sociológico del culto al ladrillo tan extendido en la piel de toro. Las familias se endeudaron hasta límites intolerables para pagar casas cuyo precio no era real, y los bancos se endeudaron para prestar dinero a todo tren y la burbuja se siguió inflando hasta que reventó y nos devolvió a la más cruda de las realidades. Me vienen a la cabeza imágenes de la costa sur de Lanzarote, en la que hay muchas promociones urbanísticas abandonadas, y de caminar a través de ellas atravesando poblados espectrales, sintiendo mucho frío a pesar de que fuera julio cuando anduve allí.