No están a su altura

Public school
Public school

Mi niña se despertará hoy con más sueño que de costumbre, porque tendrá que ver amanecer antes después del largo verano. Regresa a las aulas llena de ilusiones y ansia de aprender y de encontrarse de nuevo con sus amigos y sus amigas. Vuelve a clase con toda la fuerza que encierra su cuerpecillo, pero no tendrá todo el apoyo de la administración a su altura, ni a la altura y el respeto que se merecen ella y sus compañer@s. El Gobierno del PP ha decretado que haya menos becas, menos profesores, menos respaldo oficial a la enseñanza pública, algo que debería avergonzar a nuestros gobernantes, que no velan por la igualdad, porque no les interesa, mientras siguen inyectando dinero a los colegios privados. El déficit y la grave situación del país es la excusa y la coartada perfecta que han hallado los conservadores para meter la tijera a la enseñanza pública, en la que no ven un negocio. Mientras tanto, mi hija y sus amigos seguirán creciendo y se convertirán en los mejores baluartes de lo público y, quién sabe, quizá alguno o alguna llegue a ser gobernante algún día, y vele (si es que en ese momento sigue existiendo el Estado del Bienestar tal como lo hemos conocido) porque la escuela pública esté a la altura que se merecen estos pequeños cuerpecillos llenos de energía, de ilusión y de ansia por aprender.

Rosquillas tontas

Rosquillas tontas
Rosquillas tontas

Si llevamos tantos meses de recortes en pos de alcazar el inalcanzable objetivo del déficit, intensificados de manera brutal y despiadada bajo la férula conservadora, y todo sigue igual o incluso a peor como constatamos todos en nuestras vidas cotidianas, día tras día, ¿no será el momento de plantearse que el camino de la guadaña no funciona y que así no vamos a recuperar los nutrientes del crecimiento? Recorte tras recorte, tajo tras tajo, van a dejar hasta sin su rica cobertura de azúcar a las rosquillas de San Isidro: todas tontas, todos tontos. Qué amargura.

PD.- ¿Alguien sabe dónde para el jefe del Ejecutivo, que no da explicaciones de qué demonios está ocurriendo? Ya apenas recuerda uno su nombre. Rajoy, ¿no? ¿Se imaginan que el presidente Zapatero hubiera hecho lo mismo? Los rugidos de la caverna ultraderechista y de su atroz coro mediático nos habrían dejado sordos.

El IVA de los chuches

Chuches
Chuches

Santo Dios. Cada viernes un sobresalto con este Pop Party. Ayer se desdicen por enésima (sin duda penúltima vez) y, en un nuevo ejercicio de malabarismo político, el Gobierno anuncia sin anunciar (así hace las cosas este Ejecutivo, como sin querer, para que no duela aunque duela igual) un aumento del IVA para 2013 como última bala contra el rampante déficit, echando por tierra todo lo que habían dicho al respecto. ¿Recuerdan aquella fabulosa campaña de Esperanza Aguirre contra el alza de este impuesto cuando el PSOE lo hizo? ¿Se acuerdan de aquella fastuosa declaración de Mariano Rajoy sobre el IVA de “los chuches” de los pobres niñ@s? ¿Han olvidado todas las invectivas que echaron por la boca? El vídeo de abajo, #MentirasMasIVA, le pega un buen repaso en forma de recordatorio a todo esto. Y lanzan semejante bomba, sin lanzarla, como hacen ellos, el mismo día que se conoce el desolador y calamitoso drama de España con las nuevas cifras del paro reflejadas en la EPA. Un fracaso colectivo como país, la ruina de los sueños de millones de compatriotas que no tienen manera de encontrar trabajo. Afuera cae la lluvia, el agua repiquetea contra las ventanas de mi cuarto, quizá sean las lágrimas de tantas y tantas gentes que lo están pasando tan mal. El Gobierno va a subir el IVA de los chuches. Millones de españoles cada vez están más famélicos y van a pasar mucha hambre en sus derechos sociales con los tijeretazos de estos políticos conservadores. Ayunos de trabajo, ayunos de derechos.

PD.- Qué mezquinos son los eufemismos del poder. Ayer en el Gobierno le dieron todo tipo de vueltas para evitar hablar de incremento de IVA, que disfrazaron como un aumento de la “imposición sobre el consumo”. Mala cosa no nombrar las cosas por su nombre, más en Rajoy, que se había comprometido en su investidura a “decir la verdad, aunque duela, y a llamar al pan, pan, y al vino, vino”.