¡Taxi!

Taxi
Taxi

Los taxistas son una viva encarnación del alma patria actual: van siempre por la derecha salvo que el cliente les diga que giren a la izquierda. Siempre. Es una norma no escrita en el trabajo del conductor de taxi: coger por defecto todas las direcciones a mano diestra si no media una instrucción contraria del pasajero que va atrás para tomar la izquierda. Parece como si todas las empresas humanas tuvieran alma de taxista por su querencia a ir por la derecha, por los caminos trillados. Solo en unos pocos momentos históricos -en comparación con la larga trayectoria de la especie humana sobre la faz de la Tierra- ha habido voces que han pedido giros a la izquierda, pero sin duda la petición de transitar otros caminos que no fueran los de la derecha de siempre han marcado los tiempos posteriores. En estos días inciertos, España está poseída también de esta fiebre del taxista de ir siempre hacia la derecha. Aunque algunos clientes del taxi colectivo preferimos girar a la izquierda y, sobre todo, poner las luces largas para ascender a lo alto de las montañas, que desde arriba las cosas se ven mejor. Porque esa es otra tendencia del ser humano que no debería olvidarse: siempre que uno tiene una loma detrás, se siente tentado de subir hasta arriba, para otear las cosas desde la distancia. Así pues, ¡taxi!, pero a la izquierda, oiga, y hacia arriba, que, para bajar e ir por donde siempre, siempre hay tiempo.

Mayúsculas

APR, en una tableta
APR, en tableta

La salida de la crisis, cuando ocurra, tiene que ver con una sopa de letras mayúsculas, dicen los especialistas: «Unas crisis se desangran rápido y terminan rápido (la economía baja y sube en forma de V) y no duran más de año y medio; otras son más prolongadas, aunque menos agudas (como una U) y pueden abarcar tres años; hay auténticas montañas rusas (en W), con recuperaciones y recaídas encadenadas varios años; y, las más temidas, las crisis en L, con caídas afiladas de la actividad, seguidas de un largo estancamiento…». Es cosa de mayúsculas, pero también es cuestión de elegir prioridades y direcciones, y ahí el voto decidirá el 20 de noviembre. A mí no me da lo mismo salir de la crisis por la derecha de MR que por la izquierda de APR. Y me quedo sin dudarlo con APR, que está reivindicando un modelo socialdemócrata en el que creo, frente a un MR derechista que no quiere mostrar nada para no espantar, pero que va enseñando, de a poquito, la zarpa, mostrando su modelo de país: derogación de la ley del aborto, pena perpetua revisable, copago sanitario, recorte de servicios públicos… Yo elijo a quien abandera una política progresista con mayúsculas.

Jornada de reflexión

Protesta en Sol
Protesta en Sol

La caverna mediática ultraderechista que nos rodea no para de bramar en estas últimas horas, por tierra, mar y aire. Qué matraca. Parecen querer sangre, disturbios, tumultos, botes de gas, carreras, contundentes intervenciones policiales que interrumpan esta apacible primavera. No les entran en la cabeza las manifestaciones pacíficas ciudadanas de protesta que están teniendo lugar en numerosas ciudades de España, con epicentro en la hermosa Puerta del Sol de Madrid, y piden al Gobierno mano dura contra los miles de acampados. Así entienden la política: palos al discrepante. El Ejecutivo socialista ha descartado desalojar las plazas, porque hacerlo supondría causar un mal mayor al supuesto mal causado. Es una decisión razonable, que ha acabado de encabronar a esta caverna que domina en los quioscos y en la TDT, obsesionada con lo que hace o deja de hacer el vicepresidente Alfredo Pérez Rubalcaba, uno de los grandes políticos de este país mal que les pese a los de siempre. Y respecto a los indignados que se quejan de lo que hay (con razón a mi modesto juicio en muchas cosas, con menos razón también a mi modesto juicio en otras), cabe hacerles una pregunta: ¿qué habría ocurrido en estas plazas si en La Moncloa estuviera un Gobierno de derechas, esa misma derecha que pide mano dura contra ellos? Debería darles miedo pensar en lo que les puede ocurrir como vengan los de enfrente: eso sí que va a ser el llanto y el crujir de dientes, para una caverna que por fin se relamerá de gusto. ¿De verdad piensan que todas las opciones políticas son iguales? ¿Están seguros de no querer ir a votar?