Los Popescu

Stop Desahucios
Stop Desahucios

Tuve unos vecinos de planta con los que compartí planta durante muchos años. Los Popescu, rumanos de Rumanía, trabajadores inmigrantes afincados en España desde hace muchos años tras una breve estancia en Alemania. Los Popescu criaron a sus dos hijos (niño y niña, estudiosos e inteligentes) puerta con puerta conmigo, en este barrio obrero del sur de Madrid. Algunos vecinos cotillas pensaban que venían de Estados Unidos (no sé el porqué de esa conjetura, porque Popescu suena a rumano de Rumanía). Una mala buena mañana de este lluvioso invierno en Madrid, los Popescu comenzaron a bajar sus cosas a la calle. El banco los iba a desalojar, y antes de que llegaran los ejecutores de esa tremenda muerte civil que se viene aplicando con suma desvergüenza en España desde hace también demasiados años, los Popescu, que siempre fueron discretos y orgullosos, cogieron sus cosas y se fueron. Unos días más tarde llegó la severa reprimenda europea a la cruel normativa de desahucios española, pero ya era tarde para los Popescu, que lo habían intentado todo para reconducir la hipoteca que ya no podían pagar, como consecuencia del quebranto del sector de la construcción en el que trabajaba el padre. Así que embalaron y se fueron. Me despedí de ellos en la calle, al pie de la furgoneta que les llevaba a su otra vida, y en el rostro del padre se adivinaron unas lágrimas, el mismo llanto que surca ahora las paredes desnudas del que fue su hogar, poblado también de los mismos gritos de dolor lastimero que atruenan en tantas partes de España.

Que la hiel se vuelva miel

Huelga general
Huelga general, #14Nvamos

Quién no ha tenido alguna vez dudas con la hache de desahucios. A mí alguna vez se me ha colado y he escrito deshaucios. Esta maldita palabra, estos días tan presente, no tiene una etimología clara cuando consultas el diccionario de la Real Academia. Es de suponer que vendrá del latín, pero sabe dios; bueno, sabe el demonio teniendo en cuenta la jodida situación que atraviesan muchas personas desahuciadas. Hay desahucios todos los días; los ha habido por miles desde que estalló la crisis. También hay muchas personas que se sienten desahuciadas, que se están desesperanzando (esta es otra acepción del término) y que atisban un horizonte lleno de nubarrones. Gentes cualificadas y trabajadoras que se quedan sin curro a los cuarenta y algo, víctimas inocentes de esta maldita crisis. Cito esa franja de edad porque es en la que me encuentro, y a uno al final le acaba tocando más lo más próximo. Yo conozco varios casos. Los he tenido de compañeros, de compañeras de trabajo. Hombres y mujeres que buscan un futuro después de haber pasado buena vida en el sector de la comunicación, que en sí mismo anda tan desahuciado y tan dejado de la mano de dios. Gentes que saben que tienen que reiventarse, porque esta profesión, en la que nunca ha sido nada fácil, ahora se ha vuelto, directamente, un callejón sin salida. Iba a escribir que much@s de ellos secundarán la justa huelga de hoy, pero es que en realidad están en paro forzoso desde hace mucho tiempo, demasiado. Yo intento trasladarles ánimo y esperanzas, estirar el brazo hoy que en el cielo no están esos nubarrones grises impenetrables y pillar un cacho del algodón de azúcar que son las nubes que estoy viendo en este momento, para acercarlo a su boca y decirles que todo va a ir a mejor, que mantengan la esperanza y los sueños de los que habla Springsteen en la canción de abajo. Pero es difícil que lo dulce te sepa dulce cuando alrededor todo sabe y huele a hiel en lugar de a miel. Pese a todo, ánimo, compañer@s, porque somos muchos quienes no podemos saborear las cosas cuando sabemos que lo estáis pasando mal.

Stop desahucios

Protesta contra los desahucios
Protesta contra los desahucios

Acaba de saltarme en el móvil otro maldito SMS de esos que vuelven a hacerlo todo un poco más oscuro. Un nuevo suicidio de una persona que se iba a ver privada de su casa, en Barakaldo. ¿Cuántos van ya? Hablamos del terrorismo criminal, y del machismo criminal, pero, ¿acaso esta práctica de desalojar a la gente de su casa porque se han quedado en paro, o porque han perdido sus ingresos y no pueden hacer frente a los recibos, acaso esto no es una forma de violencia vil y abyecta más propia de los siglos de la peste negra que de ahora? La propia Unión Europea acaba de deplorar la norma española que desaloja a la gente de sus casas y les arroja a la calle. Es urgente una solución que detenga este sufrimiento, con miles de familias ya desahuciadas y otras miles que podrían correr semejante suerte, y miles de personas también que han ejercido una presión ciudadana ante los domicilios a desahuciar para decir basta ya y decenas de jueces que han puesto igualmente el grito en el cielo. Cualquiera nos podemos ver en esta situación tan injusta en estos tiempos tan inciertos, tan negros. El principio de acuerdo que han alcanzado PSOE y Gobierno esta semana para introducir cambios legislativos urgentes que frenen los desahucios arroja un poco de luz, y ojalá que la voluntad gubernamental sea firme. Mientras eso no ocurra, me temo que el móvil seguirá escupiendo mensajes que encogen el corazón.