Peligro: zona de babas

Pelota
Pelota

«Doctora, esta puede ser una división presente en todas las relaciones humanas. Yo maldigo tanto a los pelotas como a quienes les gusta ser peloteados. Esos seres que solo sueltan babas asquerosas ante sus superiores, confeccionando feos vestidos de saliva. Sí, amo. Sí, bwana. Qué personajes. Y esos peloteados, sus superiores, que en su infinita vanidad se creen los más listos, los más inteligentes y los más mejores del mundo mundial. Unos y otros se necesitan en una relación patológica de naturaleza psicosomática, que diría usted: los primeros para hacer sus vestidos de baba; los segundos para vestirse con ellos. Tienen relaciones de interdependencia y no pueden vivir los unos sin los otros, y viceversa. No se dan cuenta de que esos vestidos son bastante pobres y asquerosos, que se desbaratan con un simple golpe de viento, y que, al final, los peloteados están absolutamente desnudos aunque no quieran ser conscientes de ello. Y que los pelotas se vuelven naturalezas muertas sin sus babas.»

Ganas de pecar

JMJ
JMJ

«Con la caló sofocante y esta explosión de beatería en el foro, me han entrado unas ganas locas de pecar, doctora. Mi cuerpo pide guerra. Me acerqué a la farmacia del Atanasio, el que tantas veces me denegó látex cuando yo era más joven. Qué demonio. Estos días el Atanasio ha puesto unos grandes mostradores con todo tipo de productos preserváticos aprovechando el tirón de la JMJ, pero, vaya por Dios, se le han agotado todas provisiones. Su mujer andaba loca haciendo llamadas a Durex para conseguir cajas de donde sea. A la salida de casa de camino a su consulta escupí en la calle, meé contra un árbol, robé unas peras de un AhorraMas y me fui sin pagar el café con porras de un bar. Deseé a la vecina del quinto, envidié al tontaina del primero que tiene un megacarro, maldije a todos los que son más altos y más listos que yo … Nada que no forme parte del ADN del ser humano desde el origen de los tiempos y del invento de los dioses. Me iba a meter para el cuerpo unos gintonics, pero he decidido invertir ese dinero en ayuda para Somalia. He entrado en la web de El Corte Inglés, que se está haciendo de oro vendiendo merchandising de la Jornada Mundial de la Juventud [Católica], porque estaba convencido de que había un enlace para donar para el Cuerno de África, pero no lo hay, vaya por Dios. Me consolé luego viendo en uno de los restaurantes favoritos de mi barrio a un numeroso grupo de peregrinas católicas guiris trasegando sin parar jarras de sangría con cargo a los vales de manutención que les dan en su kit mochilero: debían de estar buscando al dios entre los vapores del vino. Bueno, qué más da, los de esas muchachas y los míos son pecadillos veniales al lado de los que cometen otr@s. Ahora me he tranquilizado porque me he dado una ducha fría y he reposado la cabeza antes de venir a su consulta. Pero lo que más me inquieta de todo esto, doctora, es que esta masiva presencia católica y catódica no sea el prólogo de otro advenimiento popular marianil que, ay, Dios no quiera. No perdamos la fe.»