Ficciones financieras

Especulador
Especulador

La capacidad de fabular y sostener ficciones del ser humano es casi infinita. Con frecuencia, incluso, es tan poderosa que nuestra mente lanza construcciones imaginarias que se imponen sobre lo real y lo acaban suplantando. Así ocurre con el entramado financiero que nos rodea sin que nos demos cuenta… hasta que llegó su desplome. Como recuerda Santiago Niño Becerra, catedrático de Estructura Económica en la Universidad Ramón Llull, en su polémico libro El crash de 2010. Toda la verdad sobre la crisis (Barcelona: Los Libros del Lince, 2009), lo financiero «posibilita la inversión, anticipa y paga aplazadamente el consumo, mueve los capitales alrededor del planeta, asegura inversiones, cobros, pagos, apalanca riesgos, cubre compras, emite medios de pago». Se calcula, dice Niño Becerra, que «por cada dólar que se mueve en el mundo sustentado por la economía real, se mueven 300 en la financiera; se cuenta que sumando todas las formas y manifestaciones del subsector financiero, el volumen que alcanza un monto resultante equivale a entre 25 y 30 veces el PIB del planeta». Son estimaciones, porque, como él precisa, nuestras percepciones de estas cantidades no pueden ser certeras. Así no es de extrañar que todo este mundo financiero tenga mucho de alquimia y de magia, y lo malo es cuando las fórmulas -léase, la avaricia de muchos especuladores- han socavado los cimientos y el edificio se nos ha caído encima a los pobres mortales que padecemos esta crisis interminable, tras la que habrá que construir un nuevo sistema a prueba de seísmos; al menos, habrá que intentarlo para que no siempre sean los mism@s los que paguen los platos rotos del festín que otros se meten entre pecho y espalda.

Jerga y desorientación

Rafael Alberti
Rafael Alberti

«Como suele decir mi mujer, doctora, lo que no se nombra, no existe. En este proceso de ocultación, los humanos tenemos una larga trayectoria, enviando al limbo del silencio cuestiones incómodas. Ha pasado en todas las instituciones,  y en todos los países: los temas espinosos se obvian y se condenan a una especie de segunda muerte. Ocurrió, por ejemplo, con los abusos a menores en instituciones religiosas, durante muchos siglos silenciados, o con los que suceden en el seno familiar, otro gran tabú. Y, aunque no tenga nada que ver, doctora -pero ya sabe que me gusta pasar de un tema a otro haciendo grandes piruetas-, en otros casos se nombran las cosas, pero envueltas en tal cantidad de jerga que acaban convertidas en mundos cuya comprensión queda al alcance de unos pocos: sucede en el mundo económico, o en el jurídico. ¿Quién les entiende? ¿Quién nos entiende? Hasta el más pintado se cree muy centrado, cuando en realidad está tan desorientado como el humano del poema Se equivocó la paloma, de Rafael Alberti: Se equivocó la paloma. Se equivocaba. / Por ir al Norte, fue al Sur. Creyó que el trigo era agua. Se equivocaba. / Creyó que el mar era el cielo; que la noche la mañana. Se equivocaba. / Que las estrellas eran rocío; que la calor, la nevada. Se equivocaba. / Que tu falda era tu blusa; que tu corazón su casa. Se equivocaba. / (Ella se durmió en la orilla. Tú, en la cumbre de una rama.)»