Parte izquierda, parte chunga

Oreja izquierda
Oreja izquierda

«Los seres contemporáneos que son/somos tan modernos y andan/andamos todo el santo día con el teléfono móvil colgado de la oreja izquierda, experimentarán/experimentaremos algún tipo de mutación en el lóbulo también izquierdo del cerebro (mi hija le llama celebro y dice que está hecho de tuétano), el más cercano a la catarata de mensajes que se reciben día tras día a través del aparatejo inalámbrico? Por ahí penetran en nuestro organismo toda clase de códigos cifrados y sin cifrar, mensajes públicos y privados, comprensibles e incomprensibles; entran órdenes y, ¡ay!, contraórdenes. De cuando en cuando me apalpo esa parte izquierda del cráneo para detectar si se ha producido algún tipo de hundimiento o reblandecimiento como consecuencia de las psicofonías y cacofonías que sufre esa parte del organismo, y de momento no he notado nada, doctora, pero todo llegará.»

Abducido por el despertador

Wake up!
Wake up!

«Hay un momento del despertar que me aterra, doctora. Ocurre cuando uno está soñando todavía, y suena el despertador de afuera, el del otro lado de la vida, y el sonido del despertador irrumpe en el sueño y se incorpora a él como si fuera una alarma antiaérea. A mí me acaba de ocurrir, y por eso le escribo tan temprano: estaba soñando que iba a subrrogar la hipoteca de mi putopiso, y de repente sonaba el despertador a través de los altavoces del banco en los que quería hacer la dichosagestión. Y me aterra esta situación por un pavor irracional: ¿qué pasaría si, por una extraña atracción de la materia y de la perversión espaciotemporal de la física cuántica del cruce de los elementos, en ese momento del despertar fuera yo el abducido por la maquinaria infernal del despertador; esto es, si mi cuerpo se integrara en el despertador y se acoplara a sus endemoniados engranajes? Aunque, por otra parte, la vida es un complicado juego de engranajes, así que creo que nuestras articulaciones y tendones podrían adaptarse ferpectamente a la maquinaria del reloj. Doctora, me dirá usted que es complicado, pero en ese momento del despertar todos los sueños, y todas las pesadillas, son posibles.»

Desencanto invernal

JJ Cale
JJ Cale

«Querida doctora. Me golpea la desazón de la mitad del invierno: no se inquiete; suele pasarme todos los años. Pienso que todo es una farsa, un teatrillo, una ficción. Vivo en una casa que ya no vale lo que pagué por ella. Estaba sobrevalorada, como tantas, y la burbuja me ha estallado en la cara. ¡Viva el ladrillo y vivan todos los adoradores del ladrillo que son legión en esta piel de toro! Hago un trabajo por el que no me pagan lo que creo que deberían pagarme. Vivo en una sociedad en la que medran las gentes sin escrúpulos y se valora a los pelotas y a los mediocres en todos los sentidos. Me horripila este Occidente que hizo oídos sordos y se dio grandes abrazos con los sátrapas de la otra orilla del Mediterráneo, y que ahora se apresura a condenar a esos mismos sátrapas y a alabar las revoluciones populares.  Me miro al espejo, doctora, y lla no xé kién xoy. Please, help me.»