Alfanumérico

Neón alfanumérico
Neón alfanumérico

«Y, doctora, si un día me pego un golpe en la cabeza y se me borran todas las claves, ¿qué pasaría, cómo recuperaría mi vida? Todo lo que he sido y me queda por ser. Las claves, pines, passwords, contraseñas para consultar los correos electrónicos, entrar en el ordenador, llamar por teléfono, hacer compras online a proveedores diversos, repasar movimientos bancarios, editar productos electrónicos varios, comprobar mis identidades digitales… Los seres humanos de estas alturas del milenio en Occidente tenemos la mente llena de extrañas combinaciones alfanuméricas que creemos que nos procuran la felicidad, aunque a veces internarse en los mundos a que dan paso estos salvoconductos digitales trae más quebraderos de cabeza que otra cosa. Pienso, doctora, en otras partes del mundo y en otras gentes que no tengan la cabeza tan pobladas de claves, y pienso si no serán más felices con menos ecosistemas alfanuméricos en el cerebro, pero teniendo a cambio las claves para plantar un árbol, cocer un pan o cuidar un gorrino. Las passwords con las que creeemos tener dominados a los cacharros electrónicos, ¿no serán en realidad un invento de esos mismos cacharros electrónicos para tenernos domesticados a nosotr@s? ¡Reprográmeme, doctora!»

Susto o muerte

Halloween
Halloween

«Menudo susto tengo en el cuerpo, doctora. Me he levantado congestionado y con un sudor frío empapando mis sienes. He soñado que un tipo siniestro con aspecto de manostijeras recortaba todos los derechos sociales desde el poder, al grito de «el que quiera educación o sanidad, que se lo pague; y el que no pueda, que le den; mala suerte, que la vida está muy cara y hay que meter mano a estas minucias si queremos crecer». Con una mano podaba, con la otra sostenía un puro humeante, sin inmutarse. Mi mente calenturienta dejó entrever una alcaldesa de Madrid consagrada a organizar procesiones y romerías en ambas orillas de Madrid Río, dedicadas a exaltar a su santo esposo, entronizado como nueva deidad. Porque parece ser que en mi pesadilla el actual alcalde habría saltado a un ministerio desde el que se afanará por seguir dando pasos hacia la Presidencia que siempre ha ansiado. Y luego también vi a otra política que confundía un cuentacuentos de un colegio con una especie de horroroso maltrato infantil. También aparecía otra mala malísima señora que… Y unos directivos de bancos enfundados en un disfraz sangriento de bonus que… Esto es todo por la influencia de Halloween, ¿verdad, doctora?»

Falta de raccord

Cinema
Cinema

«En su vida y en la mía, doctora, observo falta de raccord, o sea, se lo explico, «ausencia de la relación que debe existir entre los diferentes planos de una filmación, a fin de que no rompan en el receptor, o espectador, la ilusión de secuencia». Esto es: un actor no puede aparecer con un cigarro a medio consumir en un plano, y en el plano siguiente mostrar el mismo cigarro entero, porque algo falla. Convenido como es que la vida es una ficción, un teatrillo que a veces se nos viene abajo como un castillo de naipes desbaratado por un golpe de viento, los planos que componen la existencia no siempre guardan relación entre sí, con lo cual mi cabecita se aturulla y es cuando más vengo a su consulta. A veces veo cosas que no se explican, o que se pretenden explicar con un largo plano secuencia que no tiene ni pies ni cabeza. Se supone que tendría que haber una continuidad en cada plano de la vida, de forma que cada uno tenga relación con el anterior y sirva de base con el que le sucede, pero esto es la teoría cinematográfica, porque en la vida todo resulta al revés. Y mire que yo nunca he sido muy cinéfilo, pero esto del raccord me parece que explica muchos de los desequilibrios de nuestras mentes urbanitas. Doctora, deje de mirar por la ventana; métase en mi plano, hágame caso, ¿usted que opina?»