Desprecio y memoria

Niyireth Pineda
Niyireth Pineda

Cuando alguno de mis compatriotas desprecia a los inmigrantes que han llegado a España en los últimos años, está despreciando a un tiempo a los trabajadores que hicieron posible buena parte del crecimiento económico desde finales de los 90 -truncado por la crisis global-, a las personas que cuidan a sus mayores y a sus críos en muchas casas, a los soldados que por desgracia están muriendo allende nuestras fronteras… Están insultando también a los hijos de estos inmigrantes, tan españoles como nosotros, a los que construirán la España del futuro. Y, sin darse cuenta, están insultando también a sus abuelos, a los españoles que probablemente tuvieron que emigrar a otros países para buscarse la vida hace decenas de años. La memoria, en este país, es de una gran fragilidad; está hecha de una pasta muy ligera, que se deshace entre los dedos al mínimo soplido. Así somos.

Testigos

Jorge Semprún
Jorge Semprún

Todo hombre, toda mujer, es un testigo de su tiempo, una memoria de lo que ha vivido para los que vendrán detrás. Cuando uno va llegando a una edad, comienza a notar de manera más especial la marcha de los predecesores. En algunos casos, los padres, los tíos, los seres que te han acompañado en tu camino vital. En otro, las personas que han construido este ser colectivo que es España, con todas sus alturas y sus bajuras. Nunca he leído ningún libro de Jorge Semprún; lo reconozco no sin cierta vergüenza, sí artículos o declaraciones, pero nunca ningún volumen. Y eso que su figura me atrae desde hace mucho tiempo. Prometo hacerlo. Porque es el mejor homenaje que se le puede rendir a un autor: que su obra siga viva a través de sus lectores, especialmente las vivencias de una persona íntegra como él, que conoció como nadie, en primera persona, los horrores que puede engendrar la mente humana, y que supo también de lo cruel que esta patria puede ser con sus hij@s.

Defensa del pepino

Gazpacho
Gazpacho

«Agente, pasaba por esta flamante Comisaría de barrio que inauguró Pérez Rubalcaba y se me ha ocurrido entrar para poner una denuncia que va a dar que hablar. Quiero que detengan a Angela Merkel, creo que se escribe así, que es algo así como la jefa de Alemania. ¿Por qué? Porque nos tiene manía. Primero insinuó que trabajábamos poco y que los europeos del sur teníamos muchas vacaciones. Ahora carga contra nuestros pepinos, que yo a estas alturas del año ingiero en grandes cantidades: todos los días mi gazpachito y mi ensalada de tomate, no sin mi pepino. La lía contra nuestros pepinos y nuestros productos hortofrutícolas y ha desatado la histeria del cierre de fronteras a nuestros productos sin haber probado que la intoxicación de sus paisanos tenga que ver con el pepino. Así que les ruego, agente, que la enchironen para que responda del complot contra nuestro país. Al final, como suele decir una compañera de trabajo, aquí lo que ocurre es que hay una gran conspiración para que España no sea una potencia mundial. Lo próximo será decir que la siesta también mata.»