Confesiones de un ex patriota

¡Ñam, ñam!
¡Ñam, ñam!

«Antes, doctora, tenía un mástil muy alto en el jardín, con una cosa colgando de él. La cosa aquella tenía varios colores y era la admiración del vecindario, pero en sí misma era una lata: con las lluvias de otoño, como las de estos días, no paraba de perder color; la tinta que chorreaba caía sobre los rodondendros y me los ponía perdiditos. Y luego era un coñazo lavarla: cuando la recogía me costaba un huevo doblarla y meterla en la lavadora. ¡No me cabía, doctora! Tuve que comprar una máquina de lavar más grande, con la ilógica inversión en bienes muebles y el consiguiente descuadre de caja. ¿Y lo del viento, qué me dice del viento, doctora? Dios, no dejaba de deshilachar el trapo aquel, y yo venga a remendarlo. Menos mal que me eché una novia de la costa de Lugo que sabía tejer redes y, oiga, aquel romance me permitió que la cosa aquella luciera de lo más apañada, al menos durante el tiempo que duró el lío (que tampoco fue mucho; no hay dios que me soporte, usted ya lo sabe). ¿Y lo de plancharla? Qué pesadez. Las pasaba canutas para dejarla sin arrugas. Era un verdadero tostón la bandera aquella, sí, así que un día dejé de izarla en el mástil. Pero, ya le digo, eso fue antes, cuando tuve aquella fiebre patriótica. Un día se me pasó la vena, de golpe, y no la colgué más. No sé bien qué destino le di al trapo; creo recordar que hice unos manteles para los sobrinos. Ahora uso el mástil para orear jamones y lomos ibéricos, que, ¿sabe usted, doctora?, son patrimonio común de todos los habitantes de esta piel de toro, sin banderas por medio, que son un engorro más que otra cosa. Oiga, ¡el jamón ha salvado más vidas que la penicilina! Llegué a escribirle al presidente para proponerle que se convirtiera una gran loncha de chacina en verdadera enseña nacional, pero, escuche, no me hicieron ni puto caso. Doctora, ¿tiene usted mano con el Gobierno?»

Mundos paralelos

Bush
Bush

«Doctora, oiga, atravieso días de desguace emocional y tengo las percepciones algo confusas, pero hay gentes peor que yo. Escuché el otro día hablar, o me lo contaron, a SuSan (tidad) diciendo que España sufre un laicismo brutal comparable al de los años 30 y blablabá… Oiga, yo salgo a la calle y no veo ni conventos, ni iglesias en llamas… Es más, leo que el Estado (aconfesional) dedica miles de millones de euros a este credo (confesional). ¿Ah, que me dice usted que no haga caso, que es una vieja estrategia de SuSan para seguir pedaleando y llenando el cepillo? Me deja tranquilo, porque iba a ir a la comisaría a poner una denuncia contra los pirómanos y otra contra el autor del dicho tan español «vivir como un cura». Doctora, y, otra cosa, luego me dijeron que Bush dice que pá disidente él, que él siempre se opuso a la guerra de Irak; pues, oiga, menos mal que se opuso, porque si llega a estar a favor… Doctora, estoy fatal, pero quizá ellos lo están más. Está claro que vivimos en mundos paralelos, o para lelos, y que alguien necesita un tratamiento urgente. Qué lío. Usted decide.»

¿Qué habría pasado si…?

Alejandro Agag
Alejandro Agaggh!

«(Un teletipo de Loco Carioco News) El portavoz del Gobierno, Alejandro Agag, ha anunciado  esta mañana, en la rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo de Ministros presidido por Mariano Rajoy y vicepresidido por Ana Botella, que el Ejecutivo del PP acaba de acordar un amplio programa de ajuste con el objetivo de ahorrar 95.000 millones de euros y reducir el actual déficit público del 11% hasta el 3% a lo largo de la legislatura. La enorme dimensión del ajuste -que la oposición socialista considera que se debe más a las pulsiones ideológicas de los conservadores, siempre defensores de reducir el peso del Estado, que a una necesidad inevitable de acabar con el déficit a esa velocidad- se va a traducir en la pérdida de casi medio millón de empleos públicos, una reducción media del 19% en cuatro años en el gasto de los departamentos ministeriales, unos recortes adicionales de 8.000 millones de euros de ayudas sociales…» Vale, vale, paro, no se abandonen a los ansiolíticos; es una ficción que se apoya en los datos del recorte que acaba de decidir en el Reino Unido el Ejecutivo conservador. Pero, ¿qué habría pasado en España si en esta crisis, en vez del PSOE, hubiera estado gobernando el PP?