Calles despuestas

Calles de Madrid
Calles de Madrid

Antes de la crisis, porque antes de la crisis también había realidad, cuando alguien quería salir demasiado pronto de su casa, casi que a la amanecida, cuando las sombras de la noche difuminan la realidad y todos los gat@s son pardos, siempre había alguien que reponía para intentar disuadirle: «Pero ¿dónde vas? ¿No ves que no están puestas las calles?». Ahora sale uno a la calle, ya sea pronto o ya sea tarde, y las calles ya están puestas, pero puestas de aquella manera. Cruza uno el portal y se encuentra con una realidad cosida a machetazos y con socavones por dondequiera que uno mire. Calles puestas, de aquella manera, sí: aquí se recortaron los servicios de un centro de salud, allí un colegio sobrevive a pesar los tajos. Allí se ve un solar de un polideportivo municipal tan necesario para este barrio, pero que nunca se hará. Por aquella linde, rayana en el horizonte, solía pasar un tren de cercanías que ya no volveremos a oír pasar porque los gestores de la pela han dicho que sale caro. Al sol le falta un cacho porque alguien se excedió con las tijeras de podar, y la luna llora por la noche de angustia con los desvelos de tanta gente que no puede conciliar el sueño. Las calles están despuestas.

Sin billete de vuelta

Maletas que tiran de humanos
Maletas que tiran de humanos

Una legión de españoles se está marchando allende las fronteras de la patria, o de la matria, a buscarse la vida donde pueden. Es lo que se ha venido en llamar exilio económico, ya no por las cuestiones políticas que trasterraron a tantos compatriotas bajo los años de plomo del franquismo, pero sí por cuestiones sociolaborales. Se van fuera, porque ya ni siquiera se puede emigrar dentro del país como hicimos muchos hace no tantos años: yo me moví de mi ciudad, de mi Madrid, con veinteymuypocos años, a otra comunidad, para trabajar en donde aquí no podía hacerlo, y luego pude regresar. Mis padres y mis tíos también fueron trabajadores emigrantes. Este exilio de ahora es diferente, y está expulsando a familias enteras fuera de España. Jóvenes en muchos casos, pero también ya no tan jóvenes. Gentes con experiencia y formación de sobra, hartas de que en sus ciudades les den con la puerta en las narices una y otra vez. Se están yendo posiblemente algunos de los mejores, para labrarse en otra parte el futuro que aquí no encuentran. Aportarán lo mejor de la España que llevan dentro, para construir fuera el país que no pueden levantar aquí. Llevan un billete de ida, solo de ida, porque la vuelta no está garantizada.