Si asomaran los payasos por el borde de la tele (no los tristes payasos que entristecen la realidad todos los días, sino los de antes, los de la familia Aragón, los de verdad) y preguntaran «¿cómo están ustedes?», la respuesta no iba a ser demasiado entusiasta, pero seguro que a más de uno se nos dibujaría una sonrisa en el rostro. Una sonrisa, incluso una risa, que es el mejor arma contra el miedo que nos atenaza en estos tiempos oscuros de crisis sin fondo. La risa que conocimos los que fuimos niños con ellos, con los payasos de la tele, y aquel su mágico saludo de bienvenida al mundo de la risa, del humor. Hace falta reír, pero es que hay muy pocos motivos. En la negra España, con este triste ser que tenemos de presidente, en cuyos doce meses de victoria electoral todo ha ido a peor. En la gris Europa, que nos lleva del brozal de los recortes sin que se sepa muy bien para qué vale tanto sufrimiento, salvo para darle gusto a Merkel y a los bancos alemanes, porque la recesión sigue viento en popa. En el mundo, lleno de locura y mezquindad (una buena noticia: alto el fuego en Oriente Próximo; ojalá dure y se llegue a una solución definitiva de dos estados que coexistan y convivan). La risa vence el miedo, como bien sabía Miliki, que acaba de irse seguro que sin dejar de sonreír y cuyas canciones seguirán trayéndonos risas del pasado, y risas de futuro a mi hija.
Etiqueta: europa
Quo vadis?

¿Dónde vamos con este empecinamiento en el recorte impuesto por Angela Merkel, soberana de Europa, a Mariano I? Hoy se conocerán los Presupuestos de 2012, con un tijeretazo de 35.000 millones a las cuentas públicas. Con un sector privado bajo mínimos y otro público que no invierte, ¿qué espera a este país? ¿Qué hacemos? ¿Echamos el cierre a España y tiramos la llave al mar? Hace falta otra dirección en Europa, otros políticos que defiendan la austeridad, sí, pero combinada con políticas de estímulo al crecimiento bajo una óptica socialdemócrata. Otra Europa, porque si no, seguiremos la deriva. Por eso son tan importantes las inminentes elecciones presidenciales en Francia, en las que ojalá gane el socialista Hollande, y las futuras en Alemania, también con muy buenas perspectivas para los socialdemócratas. Otro eje francoalemán que imponga otras políticas más allá del mero ajuste contable en el que se empecinan Merkel y Sarkozy para la locomotora, a costa de hacer descarrilar a todo el convoy.
PD.- ¿Hará el Gobierno caso a las multitudinarias protestas de ayer contra la reforma laboral? ¿El sostenella y no enmendalla va a ser su única respuesta?
Pescadillas de enroscar

Las pescadillas de enroscar, esas que se muerden la cola, se pasan por harina y se fríen, eran un plato clásico en las cenas de mi infancia, cuando Europa estaba tan lejos. De cuando yo era un niño y Europa era un sueño lejano al que había parientes y conocidos de mis padres que habían emigrado para buscarse la vida lejos de la España franquista, a Alemania, a Inglaterra, a Suiza. Las pescadillas de enroscar fueron perdiendo peso, conforme yo crecía, en las cenas, que a cambio se enriquecieron con platos más internacionales, al tiempo que España se reencontraba con Europa y entraba en ella. Hoy Europa es un plato enfermo. La están devorando desde dentro y desde fuera. Los especuladores sacan provecho a cuenta de su deuda pública y Europa aplica más y más ajustes, sin llevar a cabo políticas de reactivación, con lo que la pescadilla que se muerde la cola está a punto de autoengullirse y desaparecer del plato.
PD.- El PP dice que devolverá la confianza a los inversores en España. A mí solo me infuden más y más desconfianza. Qué preocupantes son las trazas del Advenimiento Marianil si finalmente se perpetra. Vaticinó ayer De Cospedal que para después del 20-N España va a tener la calle «llena de manifestaciones» cuando Rajoy «diga lo que hay que hacer». Y ¿qué es lo que quiere hacer? ¿No les parece una desvergüenza no desvelar su verdadero programa a los ciudadan@s antes de que vayan a las urnas? Salieron del gobierno mintiendo y pretenden volver no diciendo la verdad sobre sus intenciones y su programa. Mal final y, si es así, peor comienzo.
