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Ana Frank, la adolescente que quería ser periodista

Ana Frank

Ana Frank

Nunca es tarde si la dicha es buena, así que nunca es tarde para haber leído un libro como el Diario de Ana Frank. Aunque sea una dicha triste, porque conforme avanzan las páginas sabes que se aproxima no solo el final del propio diario, sino el de su autora, que murió en el campo de concentración de Bergen-Belsen en 1945, víctima del tifus, después de que los nazis descubrieran el escondite en el que sobrevivió durante dos años junto con su familia judía en Amsterdam, al que ella llamaba la Casa de Atrás.

Ana era, cuando comenzó su escritura, una preadolescente que en ese momento tendría la edad que mi hija tiene ahora. Dejó escrito un alegato de una hondura y una sinceridad estremecedoras contra la barbarie del ser humano y el horror nazi.

Compré este libro, que llevaba años queriendo leer, tras visitar, también con mi pequeña, una de las exposiciones más conmovedoras que ahora mismo se pueden ver en Madrid, la tremenda Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos.

Para que tragedias tan espeluznantes como esta no se vuelvan a repetir hace falta mucha vacuna contra el odio, la intolerancia y el antisemitismo en forma de páginas como las del Diario de la pequeña Ana. Ella, que quería ser periodista y escritora, murió sin poder conocer la enorme repercusión que tendrían sus palabras: su eco, la verdad y la fuerza de su Diario acompañarán siempre a sus lectores.

 
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Publicado por en 26 noviembre 2018 en madrid, Ocio, cultura y redes

 

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Cuento del jardinero

Quimera vegetal en una obra de El Bosco

Quimera vegetal en una obra de El Bosco

Érase una vez un jardinero que se lanzó a pasear por los paisajes de los cuadros clásicos. No contento solo con tocar la naturaleza que adora y en la que trabaja, el jardinero efectuó un ejercicio de inmersión en los lienzos que ama. Donde los demás vemos figuras históricas y religiosas acompañadas de una amalgama vegetal sin apenas distingos, él era capaz de reconocer e identificar árboles, plantas, flores y frutos, y de explicar su simbología y su relación con el lienzo. El jardinero habla el lenguaje secreto y sagrado de las plantas y lo traslada a los profanos. El arte mostrado en apariencia bidimensional adquiere así una tercera dimensión en forma de profundidad y hondura que él nos desvela y nos ayuda a entender. Con sus explicaciones, las obras cobran vida y laten por debajo de las escenas de santos y figuras de leyenda de siglos atrás. Parece un cuento, ¿verdad? Pues no, es historia verdadera, protagonizada por mi hermano, jardinero de alma artística, Eduardo Barba, que ha efectuado un interesantísimo estudio botánico sobre la exposición de tablas flamencas que se acaba de inagurar en el museo madrileño Lázaro Galdiano. Edu todavía no se ha puesto a desentrañar, creo, las locuras vegetales de los cuadros de Arcimboldo, pero todo llegará.¡Verdura al poder!

 
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Publicado por en 17 noviembre 2017 en Ocio, cultura y redes

 

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El mono creador

La Solitude

La Solitude

Como un gorila encaramado en un sillón que mira circunspecto a su entorno (La solitude organisative) parece verse el pintor Miquel Barceló, al que el todavía flamante CaixaForum de Madrid dedica hasta el 13 de junio una exposición antológica que reúne 180 obras creadas por el artista mallorquín entre 1983 y 2009. El cosmos de Barceló eclosiona a modo de cuadros, pero también de cerámicas, de esculturas, de cuadernos de viaje. Estalla literalmente en esos cuadros con relieve que hechizan al espectador con sus formas de frutas, animales, comidas… Un complejo bestiario en el que el ser humano es una especie más -y no la más importante- entre pulpos, peces, siluetas de cuadrúpedos, la vastedad del desierto, la incógnita del sexo y la misteriosa inmensidad del mar. La mezcla del Mediterráneo y África se agita en su obra y literalmente te atrapa, como un gorila creador que se fija en su entorno, lo procesa, lo transforma y lo lanza hacia el resto de sus congéneres. Si van con niñ@s, la muestra se completa con unos talleres plásticos anexos para que los pequeños recreen lo que acaban de ver. No se la pierdan, y no mientan: acabarían como el pinocho muerto que se exhibe en una de las salas, una escultura de cráneo con una nariz enhiesta.

 
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Publicado por en 9 marzo 2010 en Ocio, cultura y redes

 

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