Distopías que asustan: algunas cosas se van cumpliendo

Fahrenheit 451
Fahrenheit 451

El género distópico (obras que hablan de mundos futuros indeseables, creadas en muchos casos con intención de que reflexionemos sobre los riesgos que nos atañen como sociedad ante la evolución vertiginosa de estos tiempos) no cesa de generar productos y de ganar adeptos. Este verano leí El cuento de la criada, de Margaret Atwood, una ficción escrita en 1985 –no tan ficción en algunos aspectos- y que está muy de moda en las librerías porque describe la deriva totalitaria y teocrática en que se transforman los Estados Unidos, con las mujeres convertidas en esclavas sin ningún tipo de derecho… Asusta, pero hay rasgos de mucha actualidad, lo cual asusta doblemente. Distopías varias me marcaron en la adolescencia, como 1984, de Orwell, o Fahrenheit  451, de Ray Bradbury. Ahora me tiene fascinado una serie de Netflix, Black Mirror, acerca del impacto perverso que tienen las nuevas tecnologías en sociedades de un futuro que cada vez es más presente. La primera temporada de Black Mirror, de 2011, presenta cachivaches electrónicos, maneras y comportamientos que, hoy por hoy, ya son una realidad en algunos aspectos. Las distopías son útiles en tanto que abren debates sobre los límites de la ética, la imposición de una nueva “moral” y la manera en que rayas rojas que creíamos inviolables se traspasan una y otra vez, con los consiguientes riesgos para derechos y libertades que parecían no tener vuelta atrás. Pero ojo, que ya están aquí… Y es muy fácil dejarse manipular por lo cool, lo guay, que son unas modernas tecnologías que, sin duda, traen muchos beneficios, pero comportan una parte de riesgo sobre la que debemos estar prevenidos. Al móvil es mejor irlo mirando con recelo; por si acaso, vaya.

Fahrenheit 451

Ray Bradbury
Ray Bradbury

Desde que la vi siendo adolescente, siempre he tenido en mente las imágenes de la versión cinematográfica de la fábula futurista Fahrenheit 451, escrita en 1953 por el autor norteamericano Ray Bradbury, con esos bomberos pirómanos consagrados a destruir el saber en forma de libros, incendiando bibliotecas como si quemaran, en realidad, personas, en una pesadilla en la que pensar está prohibido y es peligroso para la existencia. Las imágenes de esta obra maestra de la ciencia ficción han cobrado ahora forma de nuevo con la publicación de esta conocida novela de Bradbury en forma de una gran versión en cómic elevada a arte mayor, del también estadounidense Tim Hamilton: una novela gráfica -género que inventara el inmortal Will Eisner-, que en España acaba de publicar el sello madrileño 451editores. La moraleja de esta obra -la resistencia frente al totalitarismo y a la censura, encarnada en hombres y mujeres que memorizan los libros para que estos nunca desaparezcan- sigue vigente. Como escribe Bradbury en una introducción específica para esta edición en cómic, «me gustaría sugerir que todo aquel o aquella que lea esta introducción se tome un tiempo para escoger el libro que más le gustaría memorizar y proteger de cualquier censor o bombero. Y no sólo escogerlo, sino dar las razones de por qué querría memorizarlo y de cuál es el valor por el que debería recitarse y recordarse en el futuro. Creo que si mis lectores se reúnen y hablan de los libros que han escogido y memorizado pueden producirse encuentros muy entretenidos». Para que nunca se pueda llegar a los 451 grados Fahrenheit (o 233 grados centígrados) que se necesitan para que arda el papel.