Muertos muy vivos

Guadaña
Guadaña

«Doctora querida, este es un mundo lleno de vivos que se lo están llevando muerto por la patilla. Un ejemplo: los financieros a los que se les hacen inyecciones de crédito (la venidera de Bankia: 23.000 millones de euros, más del doble del viaje que le pegó el Gobierno del PP de Mariano Rajoy a la sanidad y a la educación). Vivos que se lo llevan o han llevado muerto, y a los que hay que seguir haciéndoles transfusiones de sangre para que no desfallezcan, a costa del desfallecimiento de todos los demás mortales, que de por sí estamos muertos a fuer de no haber sido nunca tan listos. Y resulta que tampoco hay mucho que hacer según dicen los entendidos, pues si no se les insufla sangre nueva y fresca, todo el país será un camposanto. Menudo dilema el de la piel de toro, un toro ahora en los huesos y puro pellejo después de haberse comido, merendado y cenado las vacas gordas. No sé si me se entiende, doctora. ¿Le queda algo de papeo en la nevera?»

Des-orientación

Brújula
Brújula

«Doctora querida, tengo menos credibilidad que una acción de Bankia y menos palabra que un portavoz del gobierno del PP. Me hundo como las cotizaciones bursátiles y estoy más quemado que los puros que se fuma pausada y relajadamente Rajoy en La Moncloa mientras todo arde y se va al carajo a su alrededor. Mi cuerpo atufa y despide un olor a rata como las ratas financierobancarias que nos han llevado a una crisis que el común de los mortales no ha originado, pero que el común de los mortales sufre como una de las siete plagas de Egipto. Mi mente se desmantela al ritmo que se están desguazando servicios públicos, proyectos vitales y grupos de trabajo. Después de esta charleta, tengo, doctora, una mala noticia que darle: me quedan cuatro chavos en la cuenta corriente porque me acaban de finiquitar con la nueva reforma laboral, así que no sé cómo pagar sus, por otra parte, para mí inestimables servicios. No deje de atenderme, porque me quedaré sin brújula a la que encomendar mi norte, que ya no sé si estará en mi sur, en mi este o en mi oeste.»

Ficciones financieras

Especulador
Especulador

La capacidad de fabular y sostener ficciones del ser humano es casi infinita. Con frecuencia, incluso, es tan poderosa que nuestra mente lanza construcciones imaginarias que se imponen sobre lo real y lo acaban suplantando. Así ocurre con el entramado financiero que nos rodea sin que nos demos cuenta… hasta que llegó su desplome. Como recuerda Santiago Niño Becerra, catedrático de Estructura Económica en la Universidad Ramón Llull, en su polémico libro El crash de 2010. Toda la verdad sobre la crisis (Barcelona: Los Libros del Lince, 2009), lo financiero “posibilita la inversión, anticipa y paga aplazadamente el consumo, mueve los capitales alrededor del planeta, asegura inversiones, cobros, pagos, apalanca riesgos, cubre compras, emite medios de pago”. Se calcula, dice Niño Becerra, que “por cada dólar que se mueve en el mundo sustentado por la economía real, se mueven 300 en la financiera; se cuenta que sumando todas las formas y manifestaciones del subsector financiero, el volumen que alcanza un monto resultante equivale a entre 25 y 30 veces el PIB del planeta”. Son estimaciones, porque, como él precisa, nuestras percepciones de estas cantidades no pueden ser certeras. Así no es de extrañar que todo este mundo financiero tenga mucho de alquimia y de magia, y lo malo es cuando las fórmulas -léase, la avaricia de muchos especuladores- han socavado los cimientos y el edificio se nos ha caído encima a los pobres mortales que padecemos esta crisis interminable, tras la que habrá que construir un nuevo sistema a prueba de seísmos; al menos, habrá que intentarlo para que no siempre sean los mism@s los que paguen los platos rotos del festín que otros se meten entre pecho y espalda.