Stop desahucios

Protesta contra los desahucios
Protesta contra los desahucios

Acaba de saltarme en el móvil otro maldito SMS de esos que vuelven a hacerlo todo un poco más oscuro. Un nuevo suicidio de una persona que se iba a ver privada de su casa, en Barakaldo. ¿Cuántos van ya? Hablamos del terrorismo criminal, y del machismo criminal, pero, ¿acaso esta práctica de desalojar a la gente de su casa porque se han quedado en paro, o porque han perdido sus ingresos y no pueden hacer frente a los recibos, acaso esto no es una forma de violencia vil y abyecta más propia de los siglos de la peste negra que de ahora? La propia Unión Europea acaba de deplorar la norma española que desaloja a la gente de sus casas y les arroja a la calle. Es urgente una solución que detenga este sufrimiento, con miles de familias ya desahuciadas y otras miles que podrían correr semejante suerte, y miles de personas también que han ejercido una presión ciudadana ante los domicilios a desahuciar para decir basta ya y decenas de jueces que han puesto igualmente el grito en el cielo. Cualquiera nos podemos ver en esta situación tan injusta en estos tiempos tan inciertos, tan negros. El principio de acuerdo que han alcanzado PSOE y Gobierno esta semana para introducir cambios legislativos urgentes que frenen los desahucios arroja un poco de luz, y ojalá que la voluntad gubernamental sea firme. Mientras eso no ocurra, me temo que el móvil seguirá escupiendo mensajes que encogen el corazón.

Tú dices tomate, yo digo rescate

Tomate
Tomate

El amor por los eufemismos del Gobierno del Pop Party ha traspasado nuestras fronteras. El último rodeo circunloquieril para no pronunciar la palabra “rescate”, evitada como gato escaldado que huye del agua caliente por el ministro De Guindos en su comparecencia del sábado por la tarde para anunciar el RESCATE, causa mofa y befa. En la versión digital de la prestigiosa revista norteamericana Time aparece hoy un divertido artículo firmado por la corresponsal en Madrid, Lisa Abend, You Say Tomato, I Say Bailout: How Spain Agreed to be Rescued (Tú dices tomate, yo digo rescate: Cómo España aceptó ser rescatada), que refleja a la perfección la negativa del Ejecutivo español a llamar a las cosas por su nombre. Mala cosa esta de intentar enmascarar la realidad, tan practicada por el poder gobernante. Y respecto al rescate para salvar a la banca, sería deseable que nos contaran toda la verdad del tomate, que el asunto valga para que vuelva a fluir el crédito y que esto no suponga más recortes. Pero sobre esta última parte, ¡ay!, uno tiene muchos, muchos temores desde el momento que los 100.000 millones de euracos que se destinan al rescate van a ir a engrosar el déficit público español. Habrá tomate.

PD.- Es vergonzoso y vergonzante que Rajoy no fuera el encargado de anunciar el sábado el RESCATE. Indignante en un mandatario que llegó al poder con la promesa de decir siempre la verdad; llamar al pan, pan y al vino, vino; y bla, bla bla…

SOS

Timón
Timón

¿Alguien sabe qué demonios está pasando en España? Los mismos que lanzan mensajes de tranquilidad para intentar sofocar el fuego de la crisis son los que luego atizan las llamas con una gestión catastrófica. Tan pronto dicen que tenemos un sistema financiero-bancario que es la envidida del orbe como que está hecho una porquería y necesita urgentemente remiendos para no descoserse del todo. Las gentes miran esperanzadas a la proa del barco pensado que el capitán, o la capitana, tiene firmemente amarrado el timón, pero se llevan el gran chasco al constatar que el timón gira y gira sin parar y alocadamente, sin que nadie sepa a dónde vamos, aunque todo huela a rescate inminente, de una forma u otra, como no paran de piar las principales capitales europeas. No existen los mitos, es mejor no tenerlos, porque siempre defraudan y acaban rodando con la cabeza por el suelo. Ah, y una última cosa: esto de que los beneficios hayan sido privatizados durante años para unos cuantos jetas y que ahora las pérdidas tengan que ser socializadas a toda costa para la inmensa mayoría que no tiene arte ni parte en el gigantesco estropicio, esto no tiene nombre. O sí lo tiene: es una sinvergonzonería que marca el rumbo del mundo de caca al que nos abocamos.