Cuento de invierno

Fideos de colores
Fideos de colores

Ahora que él ya no está, los recuerdos de los buenos momentos pasados juntos se agolpan en la mente de ella en esta tarde de invierno. De cuando era cría, hace tantos años, e iba a su casa, la casa del abuelo, que le preparaba chocolate con picatostes, y se ponía la cara y el vestido perdidos. De cuando en primavera se quedaba a comer, y el abuelo le hacía de postre unas fresas con nata que decoraba con fideos dulces de colores; aquellos fideos de colores que crujían al masticarlos. Y de aquella vez que los Reyes Magos le dejaron una bici, la primera bicicleta que tuvo, en su casa. Y el abuelo, que vivía en un barrio de una gran ciudad lleno de coches y sin parques cerca, ni corto ni perezoso, se la llevó con su flamante bici para que fuera aprendiendo ¡a un larguísimo pasillo de la estación del metro que les quedaba más cerca de casa! Ella todavía se ríe cuando se acuerda de la la cara de sorpresa que pusieron los agentes de seguridad de la estación, alarmados porque un abuelo y su nieta hubieran convertido aquel anodino pasillo en la etapa final del tour de su infancia.

Maldito goterón

El Burj Dubai
El Burj Dubai

Malhadado goterón que te precipitas desde lo alto del alerón, a saco y a traición. ¿Qué mano criminal te guía? ¿Cuál es tu impulso asesino para que te dirijas como un kamikaze sobre el cuello o la coronilla de tu víctima, dejando a tu paso un reguero frío sobre la piel que te acoge ahí abajo? ¿No preferirías, goterón, aunque otro sea tu infeliz destino, engordar eternamente en el alero del tejado, como un gorrión? ¿Cómo se ve el mundo desde allá arriba, humilde goterón? ¿Qué piensas de tus primos del flamante rascacialos Burj Dubai? ¡Menudo vértigo caer desde ochocientos metros de altura, estamparte sobre cualquier cabeza haciendo que un rastro de pequeños arcoiris quede como epitafio de tu breve existencia!

Máscaras y emoticonos

Máscara veneciana
Máscara veneciana

La vida se está simplificando a ritmo de emoticonos, esos dibujitos que casi todos ponemos en nuestros mensajes informáticos para ilustrar nuestro estado de ánimo, y que nos ahorran escribir un montón de palabras para decir si estamos bien, mal o regular. Al paso que van la burra de la economía semántica, por un lado, y los malos modales, por otro, ¿acabaremos, Faktuna, luciendo emoticonos sobre nuestros rostros, al modo de máscaras venecianas? ¿Tendremos un fondo de armario de máscaras-emoticonos para ponernos antes de salir a la calle, y evitar así dirigir la palabra y advertir de paso de nuestro estado a nuestros semejantes? ¿Se atreverán los más osados a lucir, en lugar de emoticonos, ideogramas chinos sobre sus rostros? Preguntas sin respuesta que el tiempo resolverá. 😉