Putogato

Putogato
Putogato

«Putogato aquel. Fuckingcat. Menuda me lió. Siempre tenía calor el jodío bicho. Siempre. Desde que le rescaté entre unos arbustos del patio de mi casa. Siempre parecía quejarse de tener mucho pelo. Pues haber nacido calvo, o en Groenlandia, no te jode, le decía yo. Le encantaban las bebidas frías con mucho hielo. Sus favoritas eran los gintonics. Cuando me descuidaba, le pegaba un lametazo al cóctel que siempre me acompaña en la medianoche. Sus ginebras favoritas, la Hendrick’s y la Seagram’s que me recomendó Pat. Qué pajaro. No sé qué pasó aquella noche de agosto, aunque lo barrunto. Me despertó un ruido raro del motor de la nevera. Y el olor a chamusquina. Me acerqué al refrigerador, y allí estaba. Había un arañazo en la puerta. Se ve que putogato quiso abrir la puerta buscando un hielo. Qué loco. Y había un cable pelado. Pobre. Se quedó tieso como la mojama. Cuando le saqué de debajo de la nevera ya estaba como él siempre quería, frío.»

Universo indiferente

Edadepiédrix
Edadepiédrix

Decía siempre Edadepiédrix que vivimos en un universo indiferente al sufrimiento humano.  «¿Y Dios, dónde está dios?», bramaba desde que los romanos nos expulsaron de nuestra querida aldea gala en el noroeste de la Galia (no podía estar en otro lado) y tuvimos que decirle adiós a nuestros pastos, a nuestros ríos y a nuestros montes, y venirnos pa España. Él siempre temió una cosa, una sola cosa (que no eran precisamente ni que nos cayera un pepinazo de coreadelnortecoreadelsur o que los especuladores se merendaran la economía de nuestro país de adopción, no). Su única preocupación, su único temor, como buen galo, era que el cielo se desplomabara sobre su cabeza. Todo el santo día estaba con la misma cantinela. Vivía acongojado y acojonado incluso, con una cara de susto y de espanto que ni siquiera se le pasaba cuando representábamos nuestros locos espectáculos enfrente de los niños. Bueno, no es que tuviéramos el tirón de los cantajuegos, pero teníamos nuestro público. Y hete aquí que llegamos a hacer unos bolos a Oviedo, en plena cornisa cantábrica. Estábamos tomando unas sidrinas afuera de un chigre (El Llagar de Carmiña se llamaba) y, ¡pumba!, un cacho de cornisa del edificio colindante, que no había pasado la ITE, le pegó en tó lo alto a Edadepiédrix. Fue una muerte fulminante, oiga, y, créame, se le dibujó una sonrisa en el rostro. Al final resultó que el cielo se le desplomó sobre la cabeza. Yo creo que fue una especie de acto de justicia poética la manera que tuvo de morir el probe.

¿Qué habría pasado si…?

Alejandro Agag
Alejandro Agaggh!

«(Un teletipo de Loco Carioco News) El portavoz del Gobierno, Alejandro Agag, ha anunciado  esta mañana, en la rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo de Ministros presidido por Mariano Rajoy y vicepresidido por Ana Botella, que el Ejecutivo del PP acaba de acordar un amplio programa de ajuste con el objetivo de ahorrar 95.000 millones de euros y reducir el actual déficit público del 11% hasta el 3% a lo largo de la legislatura. La enorme dimensión del ajuste -que la oposición socialista considera que se debe más a las pulsiones ideológicas de los conservadores, siempre defensores de reducir el peso del Estado, que a una necesidad inevitable de acabar con el déficit a esa velocidad- se va a traducir en la pérdida de casi medio millón de empleos públicos, una reducción media del 19% en cuatro años en el gasto de los departamentos ministeriales, unos recortes adicionales de 8.000 millones de euros de ayudas sociales…» Vale, vale, paro, no se abandonen a los ansiolíticos; es una ficción que se apoya en los datos del recorte que acaba de decidir en el Reino Unido el Ejecutivo conservador. Pero, ¿qué habría pasado en España si en esta crisis, en vez del PSOE, hubiera estado gobernando el PP?