La afonía

Silencio
Silencio

En este país en el que tanto se estila pegar voces y no escuchar al contrario, en el que cualquier argumento es válido siempre y cuando tenga forma de garrotazo sobre la cabeza del contrincante, ya sea este el cuñao o la vecina de planta, ¿se imaginan una epidemia de afonía que silenciara las cuerdas vocales? ¿Qué iba a ser de las reuniones de vecinos, de las sobremesas de los domingos, de las tertulias radiofónicas..? ¡Oh, pobres, las tertulias radiofónicas, plagadas de seres que lo mismo pontifican sobre la tragedia termonuclear de Japón que sobre la cría del cerdo celta en las montañas de Os Ancares! La verdad es que todo españolit@ lleva un contertulio dentro, ansioso de saciar su hambre de micro. ¿Y si se hiciera de repente el silencio en España? Sería algo así como sustituir de golpe las vidrieras de vivos colores de algunas catedrales por esas láminas de alabastro que se aplican en los ventanales de los templos de algunas partes de España: se pierde en, digamos, impacto visual, pero se gana en los matices de una luz tamizada, que deja entrever todos los tonos que van del gris al negro.

Vida

José Hierro
José Hierro

En un día especial, este post lo ocupa Vida, un poema de José Hierro (de Cuaderno de Nueva York, Madrid, Hiperión, 1998): «Después de todo, todo ha sido nada, / a pesar de que un día lo fue todo. / Después de nada, o después de todo / supe que todo no era más que nada. / Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!» / Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!» / Ahora sé que la nada lo era todo. / y todo era ceniza de la nada. / No queda nada de lo que fue nada. / (Era ilusión lo que creía todo / y que, en definitiva, era la nada.) / Qué más da que la nada fuera nada / si más nada será, después de todo, / después de tanto todo para nada.» Ella vuelve a la tierra, a su tierra.

Tiempos verbales

Palabras
Palabras

Palabras, palabras, palabras. Vamos paseando por la vida de conjugación de conjugación, acompasando los tiempos verbales a los tiempos cotidianos. Hoy en día hay muchas gentes que no ven claro el futuro, y parecen conjugar de manera constante un presente continuo: está ocurriendo con esta maldita crisis global interminable que ensombrece la línea del horizonte como si una fiera losa de hormigón no dejara salir el sol para amplios colectivos sociales. Otras gentes se refugian en un pretérito perfecto, pluscuamperfecto incluso, porque tampoco hallan la forma de pasar las hojas del calendario sin que el mundo se les caiga encima de golpe y les vuelva a partir las costillas. Nuestro reto como sociedad es lograr que ese futuro se pueda volver a conjugar, superando a partes iguales la rabia y la melancolía. Y construir entre tod@s un relato de porvenir que no deje excluido a nadie. Seguro que juntando el presente a las ansias de futuro, sin olvidar las lecciones del pasado, lo vamos a conseguir, mal que les pese a los agoreros.