Chabacano, SA

Peineta
Peineta

«Ha nacido Chabacano, SA (en adelante, Chabacanosa), una empresa que sigue las últimas tendencias en saludos y buenas formas que han puesto de moda políticos como José María Aznar y Esperanza Aguirre. En Chabacanosa, por unos modestos honorarios, aprenderá usted a dirigirse con gracejo y estilo a sus amigos y enemigos. Le enseñaremos también a despedirse con garbo de conocidos y desconocidos, dándole siempre un toque cool y trendy a los adioses. Olvídese de los sosos «hasta luego» o «hasta más ver» y sustitúyalos por un buen corte de mangas, unos cuernos o una peineta en todo lo alto. Contamos con los mencionados profesores de reconocido (des)prestigio, que le harán triunfar en cualquier reunión social y acaparar la atención de fotógrafos y cámaras de televisión. ¡Ponga una peineta en su vida y salga en las primeras planas!»

@grimensores

Arroba
Arroba

Las nuevas tecnologías van parcelando nuestra existencia y creando nuevas realidades, cual agrimensores. La arroba, de ser una medida de capacidad agraria tan querida para nuestros abuelos (una arroba de trigo, dos arrobas de alfalfa), se ha convertido para sus nietos en un símbolo aséptico y asexuado, que se usa para direcciones de correo electrónico y otras aplicaciones informáticas, y para hacer de ella uso en expresiones políticamente correctas (l@s ciudadan@s). Una arroba equivalía a algo más de once kilos de peso, aunque admitía variaciones según los antiguos reinos que integraban esta milenaria piel de toro. Ahora ha perdido esos ecos del campo, se ha desprovisto de toda esa masa y navega liviana por la red, acompañando nuestras cuentas de correo, nuestras confidencias, confesiones y complicidades. Antes las arrobas era una realidad en los campos de Castilla, entre mares de cebada; ahora surcan la mar océana virtual.

Oda a la minipimer

Lluelles y la minipimer
Gabriel Lluelles

Grandes inventos jalonan la pequeña historia de los ingenios en España: la fregona, el futbolín, el botijo, la guitarra, la navaja, el chupachups… Pero hay uno que todos tenemos cerca, seguro, y que acaba de cumplir los cincuenta años: la minipimer. Este pequeño electrodoméstico lo ideó allá por 1959 un diseñador industrial de Barcelona, Gabriel Lluelles, que compuso su nombre mezclando los términos mini (por el tamaño) y el acrónimo pimer (por la empresa en la que Lluelles prestaba sus servicios, Pequeñas Industrias Mecánico Eléctricas Reunidas). El éxito de este aparato le vino al sustituir las pesadas batidoras de vaso, que hasta entonces eran la especie dominante en la cocina, por este estilizado y versátil ingenio, que se podía colgar en la pared y se limpiaba muy fácilmente. El inmediato triunfo de la minipimer, convertida en el tercer brazo de las amas de casa  de la época (en aquel entonces no había muchos amos de casa, para qué negarlo), revolucionó las tareas del hogar y y desde entonces ha batido millones de pures, gazpachos, cremas, mayonesas, salmorejos y papillas, que han nutrido a otros tantos millones de seres humanos. ¡Qué invento tan rico!