De identidades

Huella animal
Huella animal

En los tiempos analógicos solían coexistir varios yoes para describir nuestra identidad: la imagen que yo creo que los demás tienen de mí, la imagen que en realidad los otros tienen de mí, la imagen que yo proyecto de mí mismo, la imagen que en realidad tengo. En los tiempos digitales a todo este cacao se añade la identidad ídem, la que se proyecta en las redes sociales, mediante identidades reales y, ¡ay!, mediante identidades impostadas. Quizá en el futuro, no dentro de tantos años, surjan nuevas profesiones y haya una especie de arqueólogos especializados en indagar en los rastros que fuimos dejando en estos mundos virtuales. «Menudas chorradas escribía el abuelo», podrán colegir los nietos cuando reciban el informe de Digital Ancestry, Ltd. Quién sabe. Gentes que indagarán nuestra pegada digital, que en algunos casos se traducirá en rastros como huellas, que en otros casos se traducirá en rastros como babas de caracol.

Carta a Paul Auster

Paul Auster
Paul Auster

«Estimado Paul Auster. Sus libros siempre me hacen pensar en los complejos vericuetos de la identidad humana, que usted con tanta maestría describe, y desde planos tan distintos. Creo recordar que es en su libro semibiográfico El Palacio de la Luna donde uno de los personajes habla de que en alguna parte, en algún lado, vive un tipo igual que él, o que yo, o que usted, que posiblemente se llame igual que usted, o que yo, y tenga el mismo rostro y quizá piense lo mismo. O piense totalmente distinto pese a ser en apariencia tan iguales. Un amigo me contó hace mucho, cuando éramos adolescentes, en la edad del dolor, la siguiente pesadilla: perseguía, entre brumas, a un individuo de aspecto fantasmagórico y enmascarado, por los pasillos en penumbra del colegio donde estudiaba; le atrapaba, caían rodando al suelo y mi amigo le acababa golpeando la cabeza con un melón, o una sandía; qué extraño desenlace. Al quitarle la máscara, descubrió que el tipo fantasmagórico, desvanecido, tenía su misma cara. Nuestro principal enemigo está en nuestro interior.»