Asco de caspa

Leire Pajín
Leire Pajín

Llevamos unos cuantos años de democracia, pero la caspa sigue sobre los hombros de muchos hombres en forma de ese rancio machismo que les lleva a descalificar a cualquier mujer por el mero hecho de serlo, sobre todo cuando ejercen una responsabilidad. Este jueves hubo un profundo bramido de la caverna, en forma de los gruesos, irreproducibles palabros que el señor (¿?) alcalde de Valladolid (¿aún sigue siéndolo?; pues qué vergüenza) vomitó a cuenta de la nueva ministra de Sanidad (e Igualdad), Leire Pajín.  El señor (¿?) De la Riva, o De la Caverna, refleja una concepción atrasada, machista, repugnante y zafia. Algunos lo asemejan a un hombre prehistórico; quién sabe: quizá en Atapuerca estaban ya más evolucionados que este ser. Son muchos los que están advirtiendo de una involución machista: y ojo, porque no debemos dar ningún territorio por ya conquistado, especialmente cuando está en juego una clave tan delicada como la de la igualdad de la mujer, que es la verdadera prueba del algodón del desarrollo de una sociedad democrática, por mucho que a algunos personajes -por ponerme al nivel de su alto discurso intelectual- estos temas les toquen los cojones. Impresentable.

Hipocresía y lucro indecente

Periódico
Periódico

Numerosos periódicos considerados serios de nuestro país, cabeceras de referencia incluso, no incluyen anuncios de -por ejemplo- traficantes de armas. Y, en cambio, no tienen problema a la hora de publicar páginas y páginas de anuncios de un tráfico que genera un lucro no menos indecente: la prostitución. Pocos medios hay que se hayan negado a hacer negocio con semejante negocio (Público, La Razón, Avui…), mientras que el resto no le hacen ascos a un dinero procedente de la explotación más asquerosa de la mujer. ¿Harán caso del acuerdo unánime que todas las fuerzas políticas alcanzaron este pasado martes en el Congreso para eliminar esta publicidad? Está por ver (falta, además, que el Gobierno concrete una propuesta definitiva, previo informe del Consejo de Estado). Eso sí, estos mismos medios, tan serios ellos, son los mismos que luego publican larguísimos reportajes de denuncia de redes de prostitución, que conviven, unas pocas páginas más adelante, con los anuncios mencionados. A esto se le llama hipocresía. Y cambiando de tema, pero sin salir de las procelosas aguas informativas: son también muchos los medios que publican estos días amplios reportajes sobre la precariedad laboral y la dura situación del mercado de trabajo en estos tiempos de crisis, con editoriales en grandes letras mayúsculas, pero que luego tienen a su trabajadores y trabajadoras sometidos a unas condiciones laborales propias de una plantación algodonera de Alabama en el siglo XIX. A esto también se le llama hipocresía.

016

Tarjeta roja
Tarjeta roja

Esto es intolerable y no puede seguir. En lo que va de año, han fallecido a manos de sus «parejas» o ex «parejas» 32 mujeres en España, una cifra muy alarmante, víctimas de la violencia de género, víctimas del machismo criminal. Y lo más preocupante: apenas había denuncias previas (sólo cinco de las 32 mujeres asesinadas habían denunciado a su agresor, y de hecho una retiró la denuncia) y más de la mitad (el 64,5%) seguían conviviendo con su «pareja». Sólo tres habían reclamado medidas de protección. Otro dato preocupante: el alto porcentaje de víctimas de origen extranjero (12 de 32), lo que pone de manifiesto la necesidad de trabajar con este sector de la población. Parar esta sangría interminable depende de tod@s, y cualquier persona tiene un teléfono a su disposición las 24 horas al día, 365 días al año, el 016, teléfono contra el maltrato, para denunciar la situación. Lo del entrecomillado de «pareja» del arranque de este artículo viene a cuento de que no hay que ponerles comillas a estos asesinos, hay que mostrarles una buena tarjeta roja como la de la campaña del Ministerio de Igualdad, ponerles unos buenos grilletes y que todo el peso de la ley caiga sobre ellos, y seguir trabajando en la prevención de esta lacra, para cuya erradicación sigue siendo fundamental la educación en igualdad.