Orejas aduendadas

Duende
Duende

Mi hija Estrella llama «orejas aduendadas»… a las orejas de los duendes. Sí, a esos pabellones auriculares con terminación en punta, triangular y apuntada hacia arriba. Esa forma del cartílago que, por arte de magia, unos dedos dotados de poderes han estirado con garbo y gracia hasta darle la forma correspondiente, que distingue a los estos seres. Orejas aduendadas, las que suelen tener los duendes, vaya. A mí no se me ocurriría una mejor forma de denominarlas. «Triangulares, apuntadas…». No: «aduendadas» es perfecto. Las orejas con las que se dotan los duendes. Ella suele tratar con ellos, para su fortuna y su suerte; para su imaginación. Yo, que yo me hice mayor, aunque no hace tanto tiempo, no encuentro semejantes orejas en mis semejantes, que en general se tocan/tocamos con pabellones auditivos más bien vulgares y tirando a feuchitos. Lo cual no quiere decir que no se encuentre uno en el camino con seres mágicos, pero sin esas orejas aduendadas que Estrella halla en los seres de sus cuentos.

Navidades fantásticas

Capitán Lagartijón
Capitán Lagartijón

Mi hija Estrella (6), inspiradora de este blog, acaba de escribir su primer cuento, que quiero dejar reflejado aquí porque luego estas cosas se olvidan. Lo ha llamado Navidades Fantásticas, y me llena de alegría que sea una niña tan imaginativa: «Era un día feliz porque los niños estaban dormidos esperando a Papá Noel, pero al levantarse no había regalos, y luego, el día de los Reyes Magos, tampoco. Los niños estaban muy extrañados. ¿Sabes por qué? Porque Papá Noel y los Reyes Magos estaban en manos de unos piratas. La tripulación pirata no era mala; solo su jefe, el capitán Lagartijón, que vivía en un castillo. Pero los niños fueron al castillo del capitán Lagartijón. Ellos conocían a Lagartijón, pero querían ver el castillo abandonado sin saber quién vivía allí. Entraron al castillo y entonces vieron una habitación que ponía “Camarote del capitán y su tripulación”. Abrieron la puerta y encontraron al capitán Lagartijón, que sabían que era malo, y a su tripulación. Dijeron: «¿Por qué habéis atrapado a los Reyes y a Papá Noel estas navidades?». Su tripulación dijo: “El malo es Lagartijón”, y él dijo: “Siempre he querido estropear las navidades, y ese ha sido mi destino”. Los niños y niñas, que eran miles, ataron a Lagartijón y desataron a Papá Noel y a los Reyes, y les dieron un abrazo y un beso. Todos eran felices menos Lagartijón, porque en aquel castillo les dieron los regalos pedidos por los niños. Entonces ese día la Navidad fue fantástica.»

¡No hay peces!

Peces de colores
Peces de colores

Mi hija Estrella (+4), inspiradora de este cuaderno de notas, me confesó la otra mañana, camino del cole, su último descubrimiento. El pasado jueves estrenó, en la piscina a cuyas clases acude desde hace tiempo para soltarse en el agua, unas gafas de natación, para que el cloro no le enrojezca los ojitos. Y de repente lo tuvo todo claro. Al poder ver bien entre el agua con su nuevo aditamento, se llevó un chasco, que me reveló con una mezcla de asombro y desilusión que me produjo una tierna pesadumbre: «¿Sabes, papi? ¡En la piscina no hay peces!». Yo le tranquilicé -aunque tampoco parecía muy intranquila cuando me hizo esta revelación- y le recordé que con las gafas de su imaginación siempre podrá ver peces de colores en todos los lugares que quiera, por muy grises y turbias que sean las aguas. El poder de la imaginación que siempre acompaña a los niñ@s y que cuando nos hacemos mayores parecemos abandonar (sobre todo algunos); qué pena.