Dejémosles ser niñ@s

Playmobil
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Traía en fechas recientes La Vanguardia una información que constata algo que todos podemos ver en las calles de nuestros barrios, pueblos y ciudades: los niñ@s cada vez son menos niños; su tránsito en esa etapa de sus vidas cada vez acaba antes, lo cual debería hacernos pensar en qué sociedad estamos construyendo entre todos (unos más que otros). Reproduzco algunos párrafos de la información, porque no tienen desperdicio: «La infancia de los niños españoles se reduce paulatinamente y pierde terreno frente a a la adolescencia, en la que los menores entran cada vez a edades más tempranas, adoptando modelos de comportamiento adulto a partir de los 11 años, e incluso antes. Los niños no están viviendo la infancia, ha asegurado la catedrática de Teoría de la Educación de la Universidad de Valencia Petra María Pérez, autora del estudio Infancia y familias. Valores y estilo de educación (…) Mientras que los niños se entretenían antes hasta los 13 años con muñecas, coches y otros juguetes tradicionales, en la actualidad dejan de jugar a una edad muy prematura, les interesan los programas de televisión de adultos, quieren vestirse como mayores y usar móviles. El no haber jugado y leído lo suficiente provoca que los menores no sepan esperar y quieran todo ya, factor que se convierte en la causa de conflictos en el seno de las familias más destacada por los padres, en un 22,3% (…)». A mí constatar estos hechos, que uno ve a diario cuando tiene hijos pequeños de corta edad, con compañeros de colegio que imitan el comportamiento de modelos o de cantantes de televisión me produce un gran desasosiego. Estamos privándoles de su infancia; qué triste es condenarles a que sean viejunos antes de tiempo.

No se trague el SAPo

SAPo
SAPo

Escribió anteayer la columnista Rosa Montero, en la contraportada de El País, un interesante y angustioso artículo sobre el supuesto Síndrome de Alienación Parental (SAP), una cosa -porque no se puede definir de otra manera- que se inventó en 1985 un psiquiatra norteamericano apellidado Gardner y que le está jodiendo la vida a muchas madres del mundo, y también de nuestro país. Explica Rosa Montero que «según Gardner, si un niño dice que su padre ha abusado de él, siempre es por el SAP, o sea, porque la madre, tan perversa ella, le ha comido el coco. Este síndrome demencial ha sido universalmente desautorizado por la comunidad científica. Por ejemplo, no ha sido aceptado por la OMS ni por la Asociación Americana de Psiquiatría, y la Asociación Española de Neuropsiquiatría ha denunciado su falsedad. Pues bien, pese a todas estas evidencias, el SAP se está utilizando en los tribunales españoles para neutralizar las denuncias de los niños, psiquiatrizar a las madres y entregar a los pequeños a sus violadores. Porque estamos hablando del incesto, y de lo que le cuesta a la sociedad reconocerlo, de lo amparado que está el violador por nuestra repugnancia a admitir que eso existe, pese a que, según diversos trabajos recopilados en 2008 por la Revista d’Estudis de la Violència, entre un 20%-25% de mujeres y un 10%-15% de hombres españoles confesaron haber sufrido abusos sexuales en la infancia, y en el 39% de los casos el agresor era el padre».  Esto no es ninguna broma. Y lo peor es que muchos jueces se están tragando el SAPo y están condenando a las madres a poco menos que a la locura, y a sus hij@s, a un porvenir tenebroso, repugnante, en compañía de sus violadores. Lo importante es que esta situación se conozca y que se evite. Para ello se ha creado una Red de Madres contra el SAP, que mantiene concentraciones el lunes último de cada mes, frente a los Juzgados de Plaza de Castilla, en Madrid.

Stop a los abusos sexuales

Rosa Montero
Rosa Montero

Llamaba la atención la periodista Rosa Montero, en el dominical del diario El País de ayer, sobre una lacra y un abyecto tabú que todavía no ha salido lo suficiente a la superficie de nuestra sociedad: el de las agresiones sexuales cometidas por parientes cercanos, con frecuencia padres, contra menores de su entorno. En este magnífico artículo, Montero denuncia que el incesto -que sigue existiendo quizá en la casa del vecino de usted mism@ que lee estas líneas- «forma parte de los terribles secretos de alcoba, de ese mundo abisal que ocultan las familias y que a menudo jamás sale a la luz». Lo estremecedor y preocupante de esta abyección es que diversas organizaciones internacionales calculan que «el 90% de los casos de incesto no se hacen públicos». Es más: casi un 25% de mujeres y un 15% de hombres españoles confesaron en una investigación de 2008 que habían sufrido abusos sexuales en la infancia (en el 39% de los casos el agresor era el padre). Y lo pavoroso no acaba aquí: lo atroz llega cuando las víctimas intentan conseguir justicia y apoyo en la sociedad, y esa misma justicia y la propia sociedad les vuelve las espaldas y encima parecen culparles. Así le ocurrió a la francesa Isabelle Aubry -creadora de la Asociación Internacional de Víctimas del Incesto-, que acaba de publicar La primera vez tenía seis años, «testimonio personal, en ocasiones difícilmente soportable, sobre el infierno vivido por una niña que fue sobada por su padre desde los seis años, violada sistemáticamente a partir de los 12» y que cuando denunció su caso se encontró con que la justicia consideró que no se había resistido al monstruo que decía ser su progenitor, y que por tanto no había habido violación. Rosa Montero termina su artículo con una recomendación clara: «Si lees esto y sabes de qué hablo, recuerda: no eres culpable, no estás solo, denuncia». No caigamos en la negación de esta realidad, en la ocultación de estos abusos, por asqueroso, sucio y repugnante que sea este asunto, y menos aún en culpabilizar a las víctimas y a muchas madres que están luchando por sus hij@s tras haber hallado que su marido era una mala bestia, y que a menudo sólo encuentran incomprensión y rechazo, empezando por en muchos casos en su propio círculo familiar. ¡¡Basta!!