Sublime equilibrio

Un momento de Equilibrio
Equilibrio

Cuando cae el telón de Equilibrio, queda una sensación de tristeza porque se acabe este lindo espectáculo. Y de melancolía por la belleza concentrada en cuarenta minutos de función y por todo lo que queda por vivir. Los promotores de la obra, de la compañía Daniel Abreu, explican que las tres protagonistas, mediante su danza, hablan «de las necesidades de afecto, de la necesidad de ser importante, de lo que supone estar solos o acompañados, de ofuscarse en lugares concretos», de «lo que somos capaces de hacer por sentirnos en paz, tranquilos y en equilibrio». De la sala sale uno con sensación de haber recibido un intenso masaje en los sentidos, con una obra alternativa que no se puede definir en palabras, porque la coreografía de las tres actrices que la bailan y la interpretan es tan sutil y delicada como unos versos expuestos al aire. Si se animan, esta noche tienen oportunidad de verla en la Kubik Fabrik (21:00). Ojalá que quienes la vean salgan como salí yo: con esa sensación de bienestar, de paz, de sublime belleza; de equilibrio, sí.

Loquimundo

El Cielo de los Tristes
El Cielo de los Tristes

Iba a entrar en la función y le comenté a mi estimado amigo Fernando Sánchez-Cabezudo, el director de la Kubik Fabrik, sin tener ni idea de qué iba el tinglado de la obra El Cielo de los Tristes, «oye, Fernando, esto parece una tela de araña». Yo me refería a los telones plásticos que ocupaban el escenario y al atrevidísimo montaje que uno ve en cuanto penetra en  la sala. Él se limitó a contestarme con misterio y una media sonrisa: «Pues ya verás, ya verás». Y vaya que si vi. O entreví. Porque la  obra, a cargo de la compañía Los Corderos, que para ser corderos tienen mucho de salvajes, es una metáfora, o alegoría existencial, del  loquimundo absurdo en el que vivimos. Una pieza apoyada en el humor ácido y corrosivo que destilan sus dos protagonistas para hablar de la vida y en sus piruetas físicas y verbales, de ese arte de vivir que, como dicen ellos, nunca es fácil ni se aprende rápidamente; y yo diría más: ni se llega a aprender, ni a aprehender. Acaba la obra y te pones a aplaudir sin saber a quién. Porque, al fin y al cabo, todos hacemos malabarismos mentales para seguir sobreviviendo. Y porque aplaudiendo no se sabe si estás aplaudiendo a los actores, o al absurdo de vida que llevamos el común de los mortales a poco que lo pensemos. Es una pieza original e inteligente que merece mucho la pena verse, y luego te da que pensar porque en cuanto sales de la sala te entran unos singulares efectos secundarios que dan que cavilar. Hoy tienen una oportunidad de nuevo para verla (Kubik Fabrik, 20:30). Cuando termina la obra, uno de los dos actores se metamorfosea (o parece metamorfosearse) en… sorpresa. Pero que no iba yo desencaminado con el comentario que le hice a ciegas a Fernando, vaya.

La responsabilidad moral

Penal de Ocaña
Cartel de Penal de Ocaña, de la compañía Nao d’amores, representada en Kubik Fabrik

El viernes anduve hablando con una querida compañera de trabajo, mientras comíamos, de recuerdos de la Guerra Civil que nos afectó no a nosotros, sino a nuestras familias, de manera más o menos directa. La maldita guerra que golpeó luego a nuestros padres en forma de una cruenta dictadura de cuarenta años de plomo, con un franquismo residual que sigue estando, de alguna manera, impregnado en el ADN de nuestro país a pesar de estos más de treinta años de democracia. Porque, fíjense, aún no hemos pasado en democracia tanto tiempo como tuvimos que transcurrir bajo la bota de Franco en la piel de toro. MI amiga y yo nos preguntamos qué habría podido ser de España si no hubiera caído bajo la bota del fascismo y se hubiera unido al club de las democracias avanzadas de Occidente. En fin, hablar por hablar. De la guerra y sus desastres habla una obra que han estado representando este mes de noviembre en mi querida sala Kubik Fabrik, Penal de Ocaña, de la compañía segoviana Nao d’amores, que yo tuve oportunidad de ver también el viernes. Es una pieza teatral de las que te atrapan el corazón, basada en el soberbio monólogo de la protagonista, que cuenta todos sus recuerdos de aquellos años, hasta su desaparición. El espectáculo es en realidad una adaptación de una novela de María Josefa Canellada (Infiesto, Asturias, 1912 – Madrid, 1995), finalista al premio Café Gijón en 1954, y está basado en el propio diario que la autora, estudiante de Letras en el Madrid de 1936, escribió en aquel entonces. Ella desaparece, pero el dolor y la congoja causados por aquel conflicto, el horror originado por el yugo del fascio, siguen latentes en el subconsciente de este país. Y, sobre todo, lo que pervive en quien pueda ver esta recomendable obra es una llamada a la propia responsabilidad moral de cada cual para evitar barbaridades tan grandes.