“Papi, pon la bola”

Las Canciones de la Bola
Las Canciones de la Bola

Cuando era preadolescente, el día que echaban en TVE La Bola de Cristal me quedaba clavado delante de la tele, sin moverme, sin casi pestañear. Qué flipe de programa. Por allí desfilaban los Monster, Alaska, Loquillo, Auserón… Tanto talento comprimido en un programa que luego se convirtió en un espacio de culto. No hay programas así ahora, ni casi los volvió a haber, ni los volvimos a ver. Programas en los que se trataba a los niños como seres dotados de inteligencia, en los que se les enseñaba, o desenseñaba, o desaprendía, a aprender y a desaprender como pretendían los electroduendes; a tener una mirada crítica. A tirar por tierra prejuicios e ideas preconcebidas. A abrir la mente, que ya habrá tiempo de que se te cierre o de que otros te la intenten cerrar. Tantos recuerdos de aquellos fines de semana, revividos estos días con la triste noticia del fallecimiento de la creadora de ese programa de leyenda, Lolo Rico. 

Cuando me cambié a la casa en la que vivo, le regalé a mi hija un CD con las canciones de La Bola, para que ella tuviera una entrada acogedora en su nuevo hogar. Yo sigo poniendo cedés y vinilos; soy así de raro. Muchas veces, cuando le pregunto qué quiere escuchar, Estrella no duda: “Papi, pon la bola”. La bola mola. Y el embrujo de esa bola de cristal sigue hechizando a personas de tan distintas generaciones como somos mi hija y yo.

Avería, Keynes… ¿Esperanza?

Bruja Avería
Bruja Avería

No es probable, por edad y mentalidad, que Esperanza Aguirre conozca el mantra que la entrañable Bruja Avería soltaba cada dos por tres cuando hacía una trastada en la mítica serie televisiva de los adolescentes de los 80, La Bola de Cristal: “Pero qué mala, pero qué mala soy”, se ufanaba el personaje del programa creado por la realizadora Lolo Rico. Pero sin duda que en la práctica lo aplica. En su discurso sobre el Estado de la Comunidad en la Asamblea de Madrid, cargó contra el Gobierno en la actual coyuntura de crisis económica -qué raro- y volvió a pasar por encima del papel que las políticas ultraliberales que ella defiende tuvieron en el desencadenamiento de la crisis global. Lo curioso es que su discurso coincidió en el tiempo con el segundo aniversario del desplome de la corporación Lehman Bros., que tuvo tanto que ver con la génesis del colapso global tan relacionado con los neocon como ella. ¿Algo que decir al respecto? Nada, por supuesto. Ella insistió en que “no hay más remedio que aplicar las políticas liberales, que son las que han demostrado su eficacia para sacar de la crisis” ante las del Gobierno ” que llevan al despilfarro” y son propias de los que “siguen creyendo en las falacias keynesianas”. ¿Falacias keynesianas? ¿Cómo se puede cargar con tanta soberbia contra uno de los grandes economistas de la historia, cuya teoría es clave en la construcción de los estados occidentales? “Pero qué mala, pero qué mala soy”. ¿Y los problemas de la Comunidad? Inexistentes. ¿El estado de los servicios públicos? No se sabe. ¿El caso Gürtel? A mí, plim. ¡Ah!, por cierto, que se le empieza a ver el plumero en su estrategia de comunicación: en los momentos o días previos al debate suelta siempre una noticia, que empaña por completo lo que se vaya a abordar en la Asamblea. El año pasado fue el anuncio sobre la autoridad del profesor; éste, la persecución de los liberados sindicales. “Pero qué mala, pero qué mala soy”. Habilidad para emular a Avería no le falta, para qué dudarlo.