Manteca ibérica

Ojo izquierdo
Ojo izquierdo

Hojeo, con el dolor de cabeza producido por la lectura previa, el delicioso librito que el veterano periodista José María Izquierdo -autor del blog El Ojo Izquierdo– ha dedicado a Los cornetas del Apocalipsis, una tropa integrada a diez personajes cuya sola enumeración turba el ánimo de cualquier ciudadano moderadamente progresista que se haya sentido agredido por la bilis que esparcen desde sus atalayas mediáticas Federico Jiménez Losantos, Alfonso Ussía, Sánchez Dragó, Hermann Tertsch, César Vidal, Antonio Burgos, Juan Manuel de Prada, Carlos Dávila, Pío Moa e Isabel San Sebastián. “Insolentes y lenguaraces, insultan como tabernarios y vilipendian como desfachatados. Son, además de reaccionarios, exactos representantes del cutrerío hispano que desprecia todo lo que, encogidos por el desconocimiento, les asusta. Para ellos no hay feministas, sino tiorras feministas; no hay homosexuales, sino floritos o sebosos andarines, y no hay progresistas, hay chusma progresista. Son la grasa de las gallinejas, la manteca del chorizo, el aceite recalentado de la churrería”, relata Izquierdo. Son sus obesiones cuestiones como el 11-M, la ampliación de los derechos civiles y todo aquello que huela a un mínimo progreso. Sus almas solo descansarán cuando gane el PP y se erradique de la faz del terráqueo mundo todos los males que les atormentan. ¿O no?

Hasta siempre, Labordeta

Labordeta
Labordeta

Qué difícil es encarnar tantas voces y hacerlas todas bien, sin caer en el artificio, ni en la impostura, sabiendo a la vez que encarnas las voces de esperanza y libertad de tantas gentes. Pero así fue la vida del aragonés José Antonio Labordeta, fallecido este fin de semana como consecuencia de un cáncer (la larga enfermedad que dicen algunos medios cuando hablan de algún ilustre muerto por un tumor; ¿por qué se sigue empleando un eufemismo tan estúpido, que enmascara una dolencia tan común desde un punto de vista estadístico?). El Labordeta cantautor, escritor, parlamentario, presentador de televisión, con su voz profunda, auténtica y de izquierdas, el hombre bueno que se hizo un hueco en el corazón de los españoles. El tipo entrañable que nos metió en su mochila para darnos otra visión de la piel de toro, y que ganó la simpatía de la mayoría cuando cantaba las verdades del barquero en un Parlamento tan dado al teatrillo. Una anécdota: cuando era más joven, llegó a darle a clase a Federico Jiménez Losantos, en Teruel; ¿como sobreviviría a aquella experiencia? Hasta siempre, Labordeta.