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Historiadores de lo cotidiano

Última viñeta de Forges

Última viñeta de Forges

En una de las casas donde viví en Lugo, provincia de donde era oriunda la familia paterna de Antonio Fraguas Forges, tenía una puerta corredera repleta de viñetas de El Perich, que, en aquellos tiempos de inexistencia de lo digital (lo digital no ha existido siempre, querid@s), el periódico en el que yo trabajaba iba recibiendo día a día por fax (otro artilugio del pasado) para su publicación. El Progreso las publicaba, y yo hacía una copia para irlas coleccionando y pegando en mi hogar. Viñetistas, humoristas o, ¿por qué no?, historiadores de lo cotidiano en los medios, como El Perich, Peridis, Gallego y Rey, Romeu, Máximo, El Roto… Mucho genio y mucho arte comprimido en unos pocos centímetros cuadrados.Ahora acaba de irse Forges, y a partir de este viernes va a ser triste abrir El País que cada día recojo en el quiosco de mi quiosquera, Candi, buscar la viñeta y no encontrarla. De Forges se pondera su humor compasivo, nunca hiriente, que siempre nos arrancaba una sonrisa matinal a sus lectores, fascinados por la inteligencia y ternura con la que este genio de la ilustración reflejaba las tontunas de este tonto ser humano que somos todos. La vida necesita de intérpretes así, que nos la expliquen con cuatro trazos y unas pocas palabras, algo tan sencillo y tan complejo a la vez.

 
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Publicado por en 22 febrero 2018 en Comunicación, Ocio, cultura y redes

 

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Tierna carcajada para recibir 2013

La magia de los días uno de enero es que no se oye nada en este barrio sureño de esta gran ciudad de Madrid. Ni un ruido. Apenas ni un suspiro. No suenan los coches. En las escaleras no hay pasos apresurados. El portal apenas se abre, ni se cierra. El tiempo parece detenido como en la plaza Mayor de Mondoñedo, una ciudad de Lugo que solía visitar cuando trabajaba en Galicia. Todo permanece silente este 1 de enero de 2013 y la existencia del día de Año Nuevo transcurre de puntillas, sin querer molestar. Tampoco se oye a los vecinos, ni se escuchan ruidos de televisor, ni por la escalera se cuelan aromas de las cocinas de este bloque de pisos. Es una calma y una declaración de paz, de enterrar el hacha de guerra de la realidad, que dura veinticuatro horas, horas veinticuatro: nada, un instante en la vida de la ciudad. No circula agua por las tuberías, no suena el teléfono, no hay portazos. Qué paz, qué sensación de balneario. Siempre es así, y hoy también lo ha sido, con un detalle mágico: el único ruido que he percibido hoy ha sido la carcajada de un bebé que vive justo debajo, un crío de apenas unos meses cuyos padres son inmigrantes salvadoreños. No es justo llamarlo ruido. Ha sido una escandalosa carcajada de bebé de esas contagiosas porque son tan tiernas, tan dulces y tan prolongadas; una muestra de alegría tan pura y tan sincera de alguien que acaba de llegar al mundo. Quién sabe si será una señal para este 2013 y ojalá que no se cumplan los malos augurios y que el año nuevo, también, nos depare una carcajada tan rica como la del bebé de mi piso de abajo, o al menos que nos haga sonreír entre tanto llanto. Vamos a por ello y, venga, por qué no, ¡hagamos entre tod@s que suceda!

Un bebé chino feliz

Un bebé chino feliz

 
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Publicado por en 1 enero 2013 en Historias reales

 

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Feira de Santos

Monterroso

Monterroso

Varias son las localidades españolas que este 1 de noviembre, Todos los Santos, celebran ferias de ganado y mercados variopintos, desde hace varios siglos, reuniendo toneladas de mercancías, cientos de cabezas de ganado, miles de visitantes. Me viene a la cabeza la Feira de Santos de Monterroso, un municipio de la bella y apacible comarca de A Ulloa (Lugo), uno de los mercados más importantes de Galicia en su género. En el arranque de la melancolía otoñal, cuando la luz comienza a ser menos viva, los vivos se congregan alrededor de los animales que les dan sustento y de otros productos de la tierra para recordarse que siguen en este mundo, para buscar para sus cuerpos nutrientes de los que alimentarse. Comerán y beberán para entrar en calor, recorriendo los numerosos puestos de la feria. Para los afectos de sus almas también se nutrirán de la memoria de los seres queridos que nos han precedido y que ya se fueron, y cuyo recuerdo nos sigue, también, alimentando.

 
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Publicado por en 1 noviembre 2011 en Actualidad

 

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