Calarse la boina

La foto
La foto

Se puede oler y casi hasta masticar. La contaminación que sume esta gran, extraordinaria ciudad de Madrid en una bruma permanente se acrecienta día tras día de ausencia de lluvia, ante la impasibilidad de unos gobernantes locales a los que parece darles igual y que, es más, hacen todo lo que pueden por ocultar las mediciones oficiales sobre la boina de mierda que cubre la villa. Ayer algunos de esos gobernantes, del PP, posaron para una foto electoral, con la polución de fondo como testiga de su permanente apatía para encarar este problema de salud pública. Seguro que la mayoría de ellos llegaron hasta el lugar de la foto en contaminantes coches oficiales, uno en cada uno, claro, para no mezclarse. Y en esos mismos coches oficiales se fueron, uno en cada uno, claro, para poder despellejar a gusto a quien tenían al lado en cuanto se quedan a solas y dejan de sonreír para la foto. A seguir contaminando, y a seguir negando la existencia de la boina, aunque la tengan calada hasta los ojos.

PD: En la foto no estaba Esperanza Aguirre, muy entretenida con los recortes a la educación y a la sanidad de tod@s. Este próximo sábado, únete a la manifestación que recorrerá las calles de Madrid a partir de las 12:00 (Atocha → Benavente), en defensa de la escuela pública.

Geografías desconocidas

Turismo Raro
Turismo Raro

Entre que uno no valora lo suficiente lo que tiene más cerca (y a veces, ¡ay!, hay que perderlo para valorarlo) y que lo próximo no siempre es lo más conocido, los humanos nos pasamos la vida vagando entre geografías desconocidas. Lo tenemos todo al alcance de la mano, pero lo pasamos por alto. Recuerdo a una querida excompañera de trabajo de Barcelona a la que regalé una guía de la Ciudad Condal cuando decidió retornar a BCN  tras largos años viviendo fuera, para que los mapas del libro anticiparan y fueran desbrozando su reenncuentro posterior con la ciudad de su infancia. Es lo que se me viene a la cabeza cuando recorro esta gran, extraordinaria ciudad de Madrid, llena de rincones por descubrir que no siempre son los que figuran en las guías turísticas. Y es lo que se refleja en una exposición que se acaba de inaugurar, el proyecto Turismo Raro, para que lo próximo se torne conocido y valorado, para que descubramos el alma que late bajo la coraza de asfalto de Madrid, repleta de rincones singulares y muchas veces ocultos a nuestros ojos transeúntes.

Las golondrinas

Golondrina
Golondrina

«Tengo un comecome desde hace días, que me ronda la cabeza y me ha vuelto ahora que le acabo de coger a usted en el taxi, será porque, perdone, tiene usted cara de pájaro. ¿Dónde están las golondrinas? Las había a cientos en mi aldea, cuando venían a criar. Yo soy de un pueblo de Llanes, en Asturias, ¿sabe usted? Pero ya apenas las veo cuando voy de visita allá. Tampoco las veo en Madrid, en donde llevo cuarenta años trabajando en el taxis. Recuerdo que hacían nidos en los aleros, en cualquier recoveco. En mi pueblo decían que había que dejar los nidos de golondrina, que traía mala suerte destruir uno. Luego me vine a la ciudad, cagondiós, donde todo son hierros y aceros, y tampoco las veo. Tengo un comecome… En cuanto llegue a mi casa le voy a tocar el tema a mi mujer, que es cántabra, porque en su tierra también han desaparecido. Que llame a su hermana, que vive allí, y le pregunte qué ha pasado con las golondrinas. Bueno, con tanta conversación, ya hemos llegado a su destino.» Hasta la próxima, señor, le contesté, no sin antes preguntarle: «Por cierto, ¿qué cree usted que está pasando con los gorriones de la ciudad? Tampoco se ven tantos como antes».