Oído ayer

Protesta en Madrid
Protesta en Madrid

El presidente del Gobierno dijo ayer en la homilía de clausura del congreso de exaltación del PP mantenido en Sevilla: «A todos los españoles les quiero decir que esta es una reforma justa, es buena para España y es necesaria. Es la reforma que España necesita para evitar que seamos el país de Europa que más empleo destruye (…) A los que protestan les digo: ¿saben que hay madres solas haciendo milagros? ¿Saben que hay padres de familia que ya ni imaginan cuándo trabajarán de nuevo? ¿Qué hacemos frente a ese desaliento?». A esa misma hora más o menos, en la protesta de Madrid contra la reforma laboral, yo escuchaba el siguiente testimonio de un manifestante: «Se han quedado los dos en paro en esta crisis. No tienen ni un duro, ni para darle de comer a su hijo de tres añitos. El otro día les vi y se me partía el alma porque llevaban tres días dándole arroz recocido al niño. Tres días comiendo el mismo arroz recalentado. El niño no lo quiere ni probar. El padre dice que ha pensado en el suicidio. Pero dice que eso no es lo más grave de lo que ha pensado, sino de que se arrepiente de haber tenido un hijo. Y se siente más culpable de eso que de pensar en quitarse la vida».

Larga vida al presidente

¡Susto o muerte!
¡Susto o muerte!

Tras unos días de silencio en este blog, es de agradecer que esté ahí gobernando Mariano, al que hay que reconocer que por fin se ha quitado por fin la careta de la que no se quiso privar durante la campaña electoral, a pesar de que mira que fuimos legión quienes le pedimos que dijera la verdad a las claras. Pero usted no quiso, y ahora ya ha comenzado a mostrar sus cartas con toda la crudeza del mundo, dándonos nutrientes informativos a todos sus detractores, oiga. Cartas que portan medidas que, no lo olvidemos, no son solo cuestiones de ajustes contables, sino que obedecen a una impronta profundamente derechista. Las primeras medidas adoptadas por Mariano Rajoy son un rosario de perlas neocon, de las que ayer conocimos la última: el abaratamiento del despido y el retroceso en derechos laborales. Pero hay muchas más que orlan la deriva de Mariano, por ejemplo: subida de impuestos sobre todo para rentas medias y del trabajo, no reposición de las plantillas de los empleados públicos, paralización de la ley de dependencia, congelación del salario mínimo inteprofesional, supresión de la renta básica de emancipación a los jóvenes, subida de un 1% de las pensiones mínimas para quitarles más por vía recaudatoria, consagración del déficit cero, vuelta a la energía nuclear, reforma de la ley del aborto para volver a los postulados más rancios, implantación de la cadena perpetua, eliminación de la asignatura de educación para la ciudadanía… Que Dios coja confesados a los que crean. Los demás, que ni siquiera tenemos un dios en el que refugiarnos, ya vamos dados. No sé si seguir haciendo este blog o si ir reservando un vuelo urgente al extranjero para huir de Mariano.

Aterriza como puedas

Spanair, Stop
Spanair, Stop

Dicen que el naufragio del crucero italiano es toda una metáfora de la deriva de la nación transalpina por culpa de la crisis y de otros males. Aquí, en esta España con tantos vínculos italianos, habría que pensar si el naufragio a su manera de Spanair es también una metáfora de nuestra particular deriva crítica como nación en estos momentos, sin apenas datos halagüeños a la vista a pesar de que se haya producido y consumado el Advenimiento Marianil que nos iba a salvar de todos los males pasados, presentes y futuros. Mientras Spanair se queda en tierra para siempre, las vidas de muchos paisanos y compatriotas también se van por el sumidero como consecuencia de la recesión brutal. Gentes que están intentando aterrizar sus vidas como pueden, en confusos aeropuertos españoles vacíos de pasajeros y de curiosos, porque esto es un sálvese quien pueda en el que ni siquiera se sabe si quedará alguien para apagar la luz. Otras gentes están intentando alzar el vuelo mientras la pista de despegue se achica, el cielo descarga una feroz tormenta y el horizonte solo se ve negro, negrísimo.