Vuelven las redadas

Redes
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Las redadas indiscriminadas en forma de exigencia de la identificación a transeúntes solo por el color de su piel y su aspecto físico han vuelto. El Gobierno del Pop Party se comprometió a erradicarlas y así pareció ser durante un tiempo a partir de finales del pasado mes de mayo. Pero ya están aquí de nuevo, poco a poco: policías de paisano apostados en los intercambiadores de transporte (es muy frecuente verlos en los pasillos de determinadas estaciones de metro de barrio con un elevado porcentaje de población foránea) que solicitan la documentación a los inmigrantes que pasan. A mí no me la piden, pero yo estoy por dársela, a ver qué pasa. Y si usted es extranjero, pero tiene los ojos azules y el pelo rubio, tampoco la harán. Yo no tengo el pelo rubio, ni los ojos azules, y en cualquier momento puedo convertirme en inmigrante si me marchara a otra nación. Esto no es una broma: en otros países se han montado tremendos escándalos por estas prácticas. Así funcionan las cosas en este país, en donde parece que todo da igual. Pero así se va también lentamente retrocediendo, sin prisa pero sin pausa, en derechos y libertades, en práctica democrática, extremo en el que España, mal que nos pese, está todavía a años luz de otros países más avanzados.

Desesperanza Aguirre

Esperanza Aguirre
Esperanza Aguirre

Desesperanza Aguirre recordó a los trabajadores que asistieron en Metro a la manifestación del Primero de Mayo en Madrid quién manda: para coger el transporte público hubo que pagar un sobrecoste del 11% en cualquiera de los abonos o metrobuses, la última de sus medidas. Desesperanza Aguirre carga contra los sindicatos y, por ende, contra los trabajadores y trabajadoras. se ríe en su cara de sus derechos, desprecia sus reinvindicaciones. Tiene una virtud: mostrar el rostro descarnado de la derecha española, sin camuflaje, al contrario de lo que practican otros de sus correligionarios que fingen con imposturas. Desesperanza Aguirre quizá no haya cogido nunca el Metro (bueno, en campaña tal vez, para hacerse la foto), no habrá sabido nunca lo que es estar sometida a unas condiciones de trabajo miserables, con sueldos rastreros y convenios lamentables. Ella lleva toda la vida rodeada de lujo y oropel, como no puede ser de otra manera para alguien de tan alta cuna. Desesperanza Aguirre, que no está a la altura de la dignidad que se le presupone a alguien que ostenta la Presidencia de la Comunidad de Madrid, hoy de fiesta con motivo del 2 de mayo, se mofa de todo y de tod@s. Falta al respeto y a la dignidad de mucha gente trabajadora, de la que ella tendría algo que aprender. Pero no hay nada que hacer; ella solo responde ante su Dios.

PD.- Pancartas y lemas de la manifestación del Primero de Mayo en Madrid, que a pesar de no estar a tope de gente y de ser azotada por el frío y la lluvia, sí se vivió con intensidad y emoción, denunciaron la deriva autoritaria del Gobierno del PP, que quiere acallar a todos los que no piensan como Rajoy. El derecho a la protesta, señor@s del Gobierno, es lo único que están dejando ustedes a mucha gente.

El imbécil

Idiota
Idiota

Conozco a un sujeto la mar de imbécil en esta ciudad que, cada vez que ve a un inmigrante en el metro demasiado cercano a su persona, intenta alejarse de él y en un impulso reflejo se cerciora de que la cremallera de sus bolsillos y cartera está subida hasta los topes. El imbécil piensa que todos los inmigrantes le quieren asaltar y tienen pinta de delincuentes simplemente porque tienen el rostro algo más oscuro que el suyo. El imbécil es un gran pensador. El imbécil tiene un rostro de hormigón armado. Aquí el único listo es él. El imbécil se aplica el ande yo caliente, ríase la gente, porque luego hace negocio con todos y no le hace ascos a nadie; la pela es la pela y ahí no hay colores. El imbécil trabaja en un agencia inmobiliaria y más de una vez durante estos años de atrás se ha hecho el imbécil colocando pisos con precios por las nubes a inmigrantes ignorantes que los pagaban gustosos bajo condiciones leoninas. El imbécil es en realidad un delincuente, pero, eso sí, vestido con traje y corbata, que va pegando palos a todo el mundo que se le pone por delante. Si le ven en el metro, agarren la cartera.