Cultura pistolera

La horrenda tragedia de Connecticut, con un chalado que entró en un colegio de Newtown y se llevó por delante la vida de más de veinte personas, muchas de ellas niños y niñas de corta edad, vuelve a disparar el debate sobre el fácil acceso a las armas en Estados Unidos. Ojalá el presidente Obama haga algo por contener semejante barbaridad, la consecuencia extrema del culto a la pistola que está en el origen de esta nación, denunciado por Michael Moore en el documental (de hace ya unos años) Bowling for Columbine. Pero parece complicado en un lugar en el que puede comprar uno un fusil de asalto casi que en cualquier parte, y en el que en muchas casas hay verdaderos arsenales. Mi hermano pequeño, que vive allí, me manda un periódico reciente, cuya foto adjunto, con anuncios de anuncios de fusiles automáticos (desde 300 euros, una bagatela), al igual que los periódicos de este lado del charco traen perfumes a estas alturas del año: algo de lo más normal del mundo. A nosotros nos choca, pero mucha gente de allí lo ve como si tal cosa, con poderosos grupos de presión a favor de seguir defendiendo esta cultura pistolera. Obama parece estar dando algunos pasos para ir conteniendo esta locura; ojalá llegue a buen puerto y la tragedia de Newtown alumbre, al menos, un tiempo nuevo.

Las tiras cómicas en un periódico de USA, y al lado los anuncios de armas. Normal, ¿no?
Las tiras cómicas en un periódico de USA, y al lado los anuncios de armas. Normal, ¿no?

Contra la crispación

Gabrielle Giffords
Gabrielle Giffords

El atentado de Tucson (Arizona) contra una parlamentaria demócrata estadounidense debería actuar como una advertencia. Un aviso contra todos los que tensan la vida política hasta hacerla irrespirable; quienes desprecian a su oponente político y sólo profieren invectivas, diatribas y escupen palabras que otros acaban convirtiendo en balas asesinas. Quienes incendian la vida política, de uno y otro signo, aunque no es casual que siempre en el bando de las víctimas suelan estar quienes tienen una mentalidad progresista, como Gabrielle Giffords. Y un aviso también contra la enloquecida proliferación de armas en Estados Unidos, que ya describió hace años el cineasta Michael Moore en el documental Bowling for Columbine, sin demasiado éxito hasta ahora.