Pedazo de banda

Protein Drink
Protein Drink
Han bebido de todas las fuentes del soul, del rhythm and blues, del blues, del rock and roll, del rock urbano… y así están de energéticos, lustrosos y proteínicos. La banda madrileña Protein Drink anda desparramando por diversos locales del foro su poderío musical, atreviéndose (superando incluso) con versiones de artistas legendarios del pasado siglo con un saber hacer que contagia a la parroquia. En su repertorio se entremezclan clásicos de The Rolling Stones (aún resuena en mi cabeza una extraordinaria Sympathy for the Devil), Aretha Franklin, Lynyrd Skynyrd, Leño o The Blues Brothers con toda naturalidad y desparpajo, aliñados también con alguna composición propia. El mismísimo Muddy Waters -si viviera el pobre- se iría a tomar con ellos unas cañas y unas bravas tras alguna de sus actuaciones. Si tienen oportunidad de ver en acción a este grupo -integrado por Ana Luz Corella, Alex Martín, Javier García, Juan Carlos Espinosa y Jordi Estapé-, no duden en hacerlo: acabarán tan poseídos por el rock and roll como ellos y recibirán nutrientes que les mantendrán despiertos unos cuantos días.

La patria de la lengua

Mario Vargas Llosa
Mario Vargas Llosa

En la patria, o matria, de la lengua que mamamos cuando nacemos nos hallamos todos. Todos nos encontramos compartiendo palabras, significados y signficantes, envolviéndonos en la bandera de este español universal que es una de las lenguas más habladas del mundo y que este jueves recibió un nuevo premio Nobel en la figura del escritor Mario Vargas Llosa. Las palabras dan sentido a nuestro mundo y permiten nuestra convivencia, aunque haya gentes que las sigan usando como dardos. Los teclados escupen sílabas en español que inundan el globo (pero el castellano todavía no tiene en Internet una presencia acorde con su relevancia en el mundo), los críos comparten planetas literarios desde Madrid a Buenos Aires, desde Los Ángeles a Barcelona. Enhorabuena a Vargas Llosa; enhorabuena a tod@s. Este viernes no hay fronteras, ni banderas que valgan; las enseñas de todas las naciones que compartimos el español pierden sus colores y sus símbolos y se inundan de letras, vestidas de gala y tiros largos en este gran día de fiesta.

 

Yo, con McCarthy (Cormac)

The Road
The Road

Los autores norteamericanos son los grandes narradores por excelencia de nuestro mundo contemporáneo. A mí me gustan por ese pragmatismo tan anglosajón que se traduce en la desnudez y eficacia de su prosa, al grano, al fondo de la historia, sin artificios, escribiendo con sencillez, que es lo más difícil del mundo. Varios de ellos -Joyce Carol Oates, E.L. Doctorow o Cormac McCarthy– suenan para llevarse el gato al agua del Nobel de Literatura que se conocerá este jueves. También aparecen otros creadores de mundos literarios procedentes de Europa, África y Latinoamérica, así que hay quinielas para todos los gustos. El nombre de Cormac McCarthy, nacido en 1933, es uno de los favoritos. Su última novela, The Road (La Carretera), llevada con éxito al cine, me causó una honda impresión. La historia de un padre y un hijo que atraviesan territorios apocalípticos asolados por una catástrofe, y que siguen adelante por el amor que se tienen el uno al otro, antídoto contra la destrucción, me pareció una bella metáfora sobre el amor que profesamos a nuestros hijos, y lo mucho que hacemos por ellos para que crezcan libres y felices.