Tajamares

Tajamar
Tajamar

La reforma de la antigua M-30 en Madrid ha dejado algunos de los tajamares del castizo puente de Toledo varados en la arena. Un tajamar es como una proa de barco, la «parte de fábrica que se adiciona a las pilas de los puentes, aguas arriba y aguas abajo, en forma curva o angular, de manera que pueda cortar el agua de la corriente y repartirla con igualdad por ambos lados de aquellas». Estos tajamares se alejan del agua del río Manzanares y se incrustan en la tierra: ya no cortan más agua, sino paseos de cicilistas, encuentros de enamorados, juegos de niños, caminatas de jubilados… Ahora se encuentran con las corrientes de las vidas de quienes pasan por debajo de los arcos de este puente centenario.

Blogroll

"Lagartijas..."
"Lagartijas..."

Repaso la lista de blogs y webs que ahora mismo tengo entre los favoritos de «la Faktuna», como suele decir un querido compañero de brega. Son lecturas que me guían cuando navego por las aguas de este cuaderno de bitácora que me acompaña desde hace casi año y medio. En mi relación de blogs destacados abajo a la derecha aparece uno de la fotógrafa Daniela Börner. Hay otro que recoge noticias «en positivo», porque estamos demasiado acostumbrad@s a que solo la catástrofe salte a la primera plana. Sigue en la lista el blog de una política, la socialista Elena Valenciano. Hay dos más de un par de colegas periodistas, Fogonazos y Periodismo Ficción. Entre mis preferidos, otros dos más, de sendos queridos amig@s y extraordinarios compañer@s, Lagartijas al Sol y Sueños de Loto. Cierran la relación la web del diseñador lucense Matalobos y dos más cargados de nutrientes: uno de curiosas recetas en ladino, la lengua judeoespañola, Savores de Siempre, y uno dedicado a la literatura, con exquisita sensibilidad y gran originalidad, Poetryandmuchmore. Todos ellos hacen compañía a «la Faktuna» en esta singladura.

Revival florido

Portada de "Layla..."
"Layla and other..."

La reedición de viejos discos clásicos es un negocio para las discográficas. Se coge una grabación original de indudable calidad y éxito, se le quita el polvo acumulado con unos pases digitales, se mete en un envoltorio más atractivo y se coloca en el estante: a vender. Acaba de ocurrir con un disco clásico del guitarrista británico Eric Clapton, lanzado en 1970, que refleja su etapa americana tras las rupturas consecutivas de anteriores bandas (Cream y Blind Faith) y que está preñado de un puñado de catorce canciones con el trasfondo del dolor producido por el desamor, escritas en un momento de creatividad insuperable. El disco, Layla and other assorted love songs, lo firmó una banda creada casi ad hoc, Derek and The Dominos, y es una obra verdaderamente redonda de blues rock, de esas tan difíciles de encontrar en estos tiempos, a la que ni le sobra, ni le falta ninguna canción. Tiene cuarenta años, pero suena como si fuera de anteayer: es lo bueno de lo clásico, que no se marchita. Es bonito comenzar la primavera volviendo a escuchar un disco tan lleno de flores.