Ganas de pecar

JMJ
JMJ

«Con la caló sofocante y esta explosión de beatería en el foro, me han entrado unas ganas locas de pecar, doctora. Mi cuerpo pide guerra. Me acerqué a la farmacia del Atanasio, el que tantas veces me denegó látex cuando yo era más joven. Qué demonio. Estos días el Atanasio ha puesto unos grandes mostradores con todo tipo de productos preserváticos aprovechando el tirón de la JMJ, pero, vaya por Dios, se le han agotado todas provisiones. Su mujer andaba loca haciendo llamadas a Durex para conseguir cajas de donde sea. A la salida de casa de camino a su consulta escupí en la calle, meé contra un árbol, robé unas peras de un AhorraMas y me fui sin pagar el café con porras de un bar. Deseé a la vecina del quinto, envidié al tontaina del primero que tiene un megacarro, maldije a todos los que son más altos y más listos que yo … Nada que no forme parte del ADN del ser humano desde el origen de los tiempos y del invento de los dioses. Me iba a meter para el cuerpo unos gintonics, pero he decidido invertir ese dinero en ayuda para Somalia. He entrado en la web de El Corte Inglés, que se está haciendo de oro vendiendo merchandising de la Jornada Mundial de la Juventud [Católica], porque estaba convencido de que había un enlace para donar para el Cuerno de África, pero no lo hay, vaya por Dios. Me consolé luego viendo en uno de los restaurantes favoritos de mi barrio a un numeroso grupo de peregrinas católicas guiris trasegando sin parar jarras de sangría con cargo a los vales de manutención que les dan en su kit mochilero: debían de estar buscando al dios entre los vapores del vino. Bueno, qué más da, los de esas muchachas y los míos son pecadillos veniales al lado de los que cometen otr@s. Ahora me he tranquilizado porque me he dado una ducha fría y he reposado la cabeza antes de venir a su consulta. Pero lo que más me inquieta de todo esto, doctora, es que esta masiva presencia católica y catódica no sea el prólogo de otro advenimiento popular marianil que, ay, Dios no quiera. No perdamos la fe.»

¡Peque con garbo!

Erupción en Islandia
El Eyjafjallajokull

La nube de cenizas originada por el estornudo de un volcán islandés de nombre impronunciable (omito siquiera escribirlo, porque es un esfuerzo baldío) colapsa Europa. Dificulta las comunicaciones aéreas y tiene al personal pendiente de los telediarios. Miles de personas varadas con sus maletas en decenas de aeropuertos del continente. Políticos bloqueados sin poder asistir a los funerales de Estado que tienen lugar en Polonia. Equipos de fútbol impedidos para desplazarse. El Reino Unido a punto de quedarse sin frutas y verduras, alimentos que le llegan sobre todo por avión. El caos es total. ¿Y Dios? Dios ha perdido el contacto visual, como dicen los modernos, con buena parte de los europeos, porque el grosor de la nube volcánica le impide ver lo que ocurre abajo, y sus pulmones ya no son los que eran cuando el Génesis, aquellos maravillosos años en los que pegaba unos alaridos tremendos para conformar el mundo; no puede, por tanto, ponerse a soplar para disolver la nube, por lo que sólo le queda esperar a que escampe. De modo y manera que, si vive usted aquí abajo y es aún creyente, no se preocupe por las consecuencias de sus actos (¡ah!, ¿solía hacerlo?) y peque a mansalva: el altísimo posiblemente no le está escuchando -no suele hacerlo, para qué nos vamos a engañar-, pero es que ahora tampoco le puede ver, así que ojos que no ven, corazón que no siente. ¡Peque con garbo!

Robinsones del mundo, ¡rehúyanse!

Simon & Garfunkel
Simon & Garfunkel

“Esto es una entrevista, pero no le permito que me tutee, joven. Le agradecería que me llamara señora Robinson, sin más confianzas. Estamos en un presidio, ¿sabe usted lo que es eso?, y no quiero que luego mis compañeras de celda me hagan chanzas cuando usted se haya marchado. No, no pregunte más, que me tiene aburrida. Mi ex marido, el ex ministro, decía que ustedes los periodistas sólo van en busca de un titular; pues bien, apunte, que se lo voy a dar: como suelen decir los jóvenes, se me fue la olla. La obsesión enfermiza por buscar la virtud y por evitar el pecado acabó por volverme loca y caer en lo contrario. Ya me lo decía hace mucho una amiga a la que no he vuelto a ver: Tanta represión no es buena, querida, sólo genera desarreglos mentales. Lo malo es que tenía razón. Estoy cogiendo confianza con usted, joven, lo que no sé si es bueno o malo. ¿Lleva mucho tiempo trabajando en prensa? Lástima no haberle conocido en la calle. Vale, te dejo que me tutees: puedes llamarme Iris.”