Echarse a temblar

Pastor y Cospedal
Pastor y Cospedal

«Si usted me pregunta lo que a mí me da la gana y me trata como a mí me da la gana, qué gran profesional es usted. Si usted entrevista al presidente de Irán y da toda una lección periodística, qué gran profesional es usted. Pero si usted pone en tela de juicio mis ataques y los ataques de mi partido, o sea el Pop Party, contra el ente público (que jamás ha conocido las cotas de libertad e independencia que tiene en este momento -esto lo digo yo, no Cospedal-) oiga entonces es usted una vendida, y no juega limpio y bla, bla, bla… Total, para eso hacemos ruedas de prensa sin preguntas y, en cuanto podemos, sin periodistas.» Es solo un anticipo de lo que le espera a la televisión pública de tod@s como el PP de María Dolores de Cospedal vuelva al poder: el regreso del modelo de Urdaci & Co, el modelo que se aplica en Telemadrid, Canal 9… Para echarse a temblar.

80 años de aquel 14 de abril

Bandera republicana
Bandera II R

Cuando estudiaba Periodismo, hace ya veinte años («ahora que de casi todo hace ya veinte años», que escribiría el poeta), cada 14 de abril se hacía en la Facultad una fiestecilla, la «sangría republicana». Festejábamos con alegría, a golpe de tintorro barato mezclado con Fanta de limón, la fugaz etapa republicana, a la que puso fin un golpe de Estado fascista y una posterior Guerra Civil que dio paso a una maldita dictadura de cuarenta años. La democracia es deudora de aquella etapa, la etapa de un Gobierno reformista que topó con los dos grandes poderes fácticos de la historia de España, el Ejército y la Iglesia. Es tiempo de recordar sus logros, su historia, sus aciertos y errores, y su triste fin… Y de tener en cuenta que, aunque parezca complicado, quizá en el futuro podamos ver una III República en España, quien sabe si antes de que pasen otros ochenta años, los que hoy se cumplen desde la proclamación de la II.

Huecos irreemplazables

Peter Jennings
Peter Jennings

La historia de los medios de comunicación no es la historia de un continuo. Cuando un veterano presentador dice adiós, cuando un programa con solera se acaba o cuando una experimentada cadena se cierra, los daños colaterales, como se dice ahora, son cuantiosos.  El primero, la pérdida de voces críticas que informen de la realidad circundante. El segundo, la cantidad de gentes que se ven privadas de los nutrientes informativos que recibían por esa vía. No son, por tanto, decisiones gratuitas. Hay un sentimiento de orfandad cuando buscas y rebuscas entre las ondas, entre la oferta televisiva o entre las páginas de un periódico, y ya no le encuentras a él, o a ella. Queda una sensación de vacío que no se puede llenar. Les habrá pasado, seguro, a los millones de seguidores del veterano informador estadounidense Larry King, que acaba de anunciar su marcha. Como antes les pasó con las sucesivas retiradas de algunos de los grandes presentadores norteamericanos, como Peter Jennings, de ABC, cuyos noticieros de televisión se emitieron en tiempos en España, subtitulados en castellano (en el aquel entonces Canal Plus), hace muchísimos años. ¡Cuánto inglés aprendí yo con ellos! Ahora se anuncia en España el cierre de CNN+ para final de año, que emitía en nuestro país desde 1999, y muchos lo lamentamos profundamente, sobre todo en cuanto a lo que afecta los estupendos profesionales de esa cadena que temen por su trabajo y a la pérdida de pluralismo informativo que esa decisión conlleva, especialmente por la banda izquierda. Son huecos irreemplazables, como el que también dejará, cuando se produzca, la despedida de Iñaki Gabilondo, uno de los más grandes periodistas que ha tenido este país.